La madrugada del 14 de febrero, un ataque armado en el bar Sala de Despecho, ubicado en la zona de Angelópolis —uno de los corredores comerciales y residenciales más exclusivos de Puebla capital— dejó tres personas muertas y cuatro heridas.
Lo que comenzó como un reporte de balacera afuera de un centro nocturno se convirtió en un caso que hoy indigna y divide a la opinión pública por el cruce de versiones entre autoridades, especulaciones sobre el móvil y señalamientos en redes sociales.
Esta es la reconstrucción completa para entender qué pasó y por qué el caso ha generado tanta polémica.
¿Qué ocurrió la madrugada del 14 de febrero?
De acuerdo con los primeros informes de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) estatal, alrededor de las 2:00–3:00 de la mañana cuatro personas salían del bar y se disponían a abordar una camioneta Mercedes Benz blanca cuando fueron atacadas con al menos 20 disparos.
En el lugar murieron:
- Giselle Ortiz Carreto, de 33 años
- Joaquín Wirth, de 34
- Emmanuel Campaña, de 28
Enrique Solá, otro de los tripulantes, sobrevivió. Además, tres personas más resultaron heridas por impactos de bala; todas fueron reportadas como estables.
Testigos señalaron que los agresores, que se desplazaban en motocicleta, abrieron fuego sin mediar palabra, pese a que en el sitio había decenas de jóvenes.
Las detenciones y la primera hipótesis
Horas después del ataque, autoridades estatales informaron la detención de cuatro hombres: Gabriel N, Héctor Hugo N, Edwin N y Brayan N. El operativo incluyó drones, cámaras de vigilancia y un helicóptero.
En un primer momento, versiones difundidas tras la conferencia de la SSP sugerían que se trataba de una rencilla entre grupos del crimen organizado, es decir, un posible “ajuste de cuentas”.
Esa narrativa generó molestia entre familiares de las víctimas, quienes rechazaron cualquier vínculo con actividades delictivas.
El giro: ataque planeado con un mes de anticipación
Al día siguiente, el titular de la SSP, Francisco Sánchez González, informó que la agresión habría sido planeada con al menos un mes de anticipación.
Según la autoridad, los detenidos rentaron una vivienda cercana al bar equipada con sistemas de videovigilancia para observar movimientos en la zona y estudiar la dinámica del lugar.
Ese dato cambió el enfoque del caso: ya no se hablaba únicamente de un enfrentamiento espontáneo, sino de una operación premeditada.
Sin embargo, no se informó oficialmente cuál de las víctimas era el objetivo principal.
¿Ataque directo o error de objetivo?
Las versiones comenzaron a multiplicarse:
- Algunos medios locales señalaron que el ataque iba dirigido específicamente contra Joaquín Wirth.
- Otros apuntaron que el objetivo era Enrique Solá.
- Otra hipótesis, citando personal de estacionamiento y cadeneros, sugirió que pudo tratarse de un ataque contra un vehículo similar, es decir, un error de identificación.
- En redes sociales circuló un audio de la madre de uno de los asistentes al bar que cuestiona la versión de “ataque directo” y sugiere que pudo tratarse de una ráfaga indiscriminada relacionada con cobro de piso.
Hasta ahora, la Fiscalía no ha confirmado públicamente cuál era el objetivo específico.
La aparición del nombre: “La Barredora”
Días después, la Fiscalía General del Estado (FGE) y la SSP confirmaron que los detenidos estarían vinculados al grupo criminal conocido como “La Barredora”.
La fiscal Idamis Pastor Betancourt informó que cuatro personas fueron puestas a disposición, entre ellas un menor de edad, y que se investiga el modus operandi.
Sin embargo, aclaró que no se ha confirmado ningún vínculo entre las víctimas y ese grupo delictivo.
El secretario de Seguridad sostuvo que al menos dos personas más podrían estar prófugas.
Indignación social y señalamientos en redes
El caso ha generado indignación no solo por la violencia en una zona considerada segura, sino por la percepción de contradicciones en el discurso oficial.
En redes sociales circularon acusaciones de que cuentas automatizadas habrían impulsado la narrativa de ajuste de cuentas para reforzar la idea de que el hecho estaba ligado al crimen organizado y destacar la reacción gubernamental.
Familiares de las víctimas realizaron una concentración frente al bar para exigir justicia y rechazaron que sus allegados estuvieran involucrados en actividades ilícitas.
La Universidad Iberoamericana Puebla lamentó públicamente la muerte de Giselle Ortiz, egresada de Psicología.
¿Qué dicen las autoridades hoy?
El gobernador Alejandro Armenta pidió esperar el resultado de las investigaciones y evitar especulaciones.
La postura oficial actual sostiene tres puntos:
- El ataque fue planeado.
- Está vinculado al grupo “La Barredora”.
- No se ha probado vínculo entre víctimas y crimen organizado.
Aun así, el móvil concreto sigue sin esclarecerse públicamente.
¿Por qué el caso genera tanta inquietud?
Hay tres elementos que explican el impacto del caso:
Primero, ocurrió en Angelópolis, una zona asociada a seguridad y alto poder adquisitivo.
Segundo, el número de disparos y la planeación revelan un nivel de operación que inquieta sobre la presencia de grupos armados en la capital poblana.
Tercero, el cruce de versiones iniciales debilitó la narrativa oficial y abrió espacio a especulación.
El ataque dejó tres muertos, cuatro heridos, cuatro detenidos y al menos dos prófugos. Pero también dejó una pregunta abierta: ¿fue un ataque dirigido con motivación específica o un acto de violencia criminal con daños colaterales?
Mientras la Fiscalía avanza, la indignación permanece. Y en Puebla, el debate no es solo sobre quién disparó, sino sobre por qué y contra quién iba realmente dirigido el ataque.

