La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, no es solo la baja de un capo. Es, según diversos analistas, el golpe más relevante al crimen organizado en la última década.
El Gobierno federal confirmó que el líder y fundador del Cártel Jalisco Nueva Generación murió tras resultar herido en un operativo en Tapalpa, Jalisco, y fallecer durante su traslado aéreo a la Ciudad de México. La operación fue ejecutada por fuerzas especiales del Ejército, con apoyo de la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional, y contó con información complementaria de autoridades estadounidenses.
Lo que sigue no es el cierre de una historia. Es la apertura de un nuevo capítulo.
El operativo: versión oficial y cooperación bilateral
De acuerdo con la Secretaría de la Defensa Nacional, fuerzas especiales planearon la captura tras trabajos de inteligencia coordinados con el Centro Nacional de Inteligencia y la Fiscalía General de la República (FEMDO). Durante la intervención, el personal militar fue atacado y repelió la agresión.
El saldo oficial:
- Cuatro presuntos integrantes del CJNG abatidos en el lugar.
- Tres más heridos de gravedad, quienes fallecieron en el traslado —entre ellos, Oseguera Cervantes.
- Dos detenidos.
- Aseguramiento de armas de alto poder, incluidos lanzacohetes capaces de derribar aeronaves.
- Tres militares heridos.
El dato geopolítico no es menor: la Defensa reconoció que hubo información complementaria de autoridades de Estados Unidos. Medios estadounidenses señalaron la participación de la Fuerza de Tarea Interagencial Conjunta Sur (JIATF-South), en coordinación con el Comando Norte, aunque subrayaron que la operación fue ejecutada por fuerzas mexicanas.
En el contexto de presión internacional por el tráfico de fentanilo, la cooperación bilateral adquiere una dimensión estratégica.
¿Por qué este golpe es distinto?
Durante años, el CJNG fue descrito por la DEA como una de las organizaciones criminales transnacionales más poderosas del mundo. No solo por su violencia, sino por su capacidad logística y expansión territorial.
A diferencia de otras estructuras históricas del narcotráfico mexicano, el CJNG logró:
- Presencia en las 32 entidades del país.
- Operación en los 50 estados de Estados Unidos, según mapas oficiales de la DEA.
- Expansión a más de 60 países.
- Control de rutas clave para metanfetamina, cocaína y, sobre todo, fentanilo.
- Influencia estratégica en puertos como Manzanillo, puerta de entrada de precursores químicos.
Algunos analistas sostienen que el poder económico y la presencia global del Mencho superaron incluso la etapa de mayor influencia de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”.
Más que un jefe regional, Oseguera Cervantes dirigía lo que varios expertos describen como una “empresa criminal transnacional”. En esa lógica, su muerte equivale a la caída de un CEO, no necesariamente a la desaparición de la compañía.
El problema central: no hay heredero claro
Aquí comienza el punto más delicado.
El CJNG no tiene un sucesor evidente.
Su hijo, Rubén Oseguera González, “El Menchito”, está preso en Estados Unidos. Las hijas del líder no tienen perfil operativo. Y aunque su hijastro, Juan Carlos Valencia González, aparece como “sucesor natural”, especialistas dudan de su capacidad para unificar a la organización.
En el radar de posibles líderes emergen cinco figuras:
- Audias Flores Silva, “El Jardinero”, operador con fuerte presencia en Jalisco y Michoacán.
- Ricardo Ruiz Velasco, “Doble R”, con control en la zona metropolitana de Guadalajara.
- Heraclio Guerrero Martínez, vinculado a redes de huachicol.
- Gonzalo Mendoza Gaitán, operador clave en puertos, especialmente Manzanillo.
- Y un nombre estratégico: José Luis Gutiérrez Ochoa, “El Tolín”, considerado mano derecha del Mencho y posible depositario de los secretos operativos del grupo.
Si se confirma la captura de “El Tolín”, el gobierno tendría acceso a información privilegiada sobre alianzas, rutas, redes financieras y contactos políticos. Para algunos analistas, sería “la llave que abre el cajón de los secretos”.
Lo inmediato: violencia como currículum
Las primeras horas tras la confirmación estuvieron marcadas por bloqueos, incendios y despliegues de seguridad en el occidente del país.
¿Por qué?
Porque en organizaciones criminales, la sucesión no se decide en una mesa de consejo. Se disputa en la calle. Los jefes regionales “sacan músculo”: muestran capacidad de movilización, de bloqueo, de intimidación. Es una forma de posicionarse ante la nueva correlación de fuerzas.
Ya ocurrió algo similar tras la captura de Ismael Zambada García, cuando la aparente calma inicial derivó semanas después en la llamada “guerra en Sinaloa” entre facciones.
El precedente obliga a cautela: una fase de tensa calma puede preceder a un conflicto más amplio.
Impacto nacional e internacional
Este golpe tiene varias aristas:
1. Seguridad interna
Una fragmentación del CJNG podría derivar en disputas territoriales en estados donde el grupo consolidó hegemonía.
2. Reconfiguración del tablero criminal
La ausencia de un liderazgo central puede fortalecer a rivales como facciones del Cártel de Sinaloa o generar alianzas inesperadas.
3. Relación México–Estados Unidos
En plena presión estadounidense por el tráfico de fentanilo, el abatimiento del Mencho representa un mensaje político: México puede actuar contra objetivos prioritarios.
4. Riesgo penitenciario y desinformación
Especialistas advierten que el control de prisiones será crucial. Motines o fugas podrían agravar la situación. Además, ya circulan rumores y mensajes alarmistas en redes vinculadas al crimen organizado, que buscan sembrar caos. En contextos así, la desinformación también opera como arma.
¿Es el fin del CJNG?
Probablemente no.
Las organizaciones criminales de este tamaño están diseñadas para sobrevivir a sus líderes. La muerte del Mencho no implica la desaparición del CJNG, sino el fin de una era y el inicio de una reconfiguración.
La pregunta de fondo no es solo quién lo sustituirá.
Es si el Estado mexicano está preparado para administrar las consecuencias de su ausencia.
Porque en el mundo del crimen organizado, la caída del líder puede ser el principio de algo más inestable.
Y lo que ocurra en las próximas semanas —no solo en las próximas horas— definirá si este golpe histórico se traduce en una reducción real de violencia… o en una nueva etapa de disputa armada.

