Paseo de la Reforma se viste de verde ante la derrota de México contra Inglaterra
La noche del partido entre México e Inglaterra, el Paseo de la Reforma se convirtió en un vibrante escenario, aun cuando la lluvia amenazaba con deslucir la fiesta. A pesar del clima adverso, miles de aficionados se congregaron en la emblemática avenida, listos para apoyar a la Selección Mexicana.
Un ambiente festivo bajo la lluvia
Desde horas antes del encuentro, los seguidores, enfundados en sus camisetas verdes y con banderas al viento, marchaban hacia el Ángel de la Independencia. El ánimo era contagioso: risas, canciones y fotografías adornaban la espera, mientras niños, jóvenes y familias lucían disfrazados, aportando color a la jornada.
Entre charcos y un ambiente de júbilo, las pantallas gigantes a lo largo del Paseo ofrecían puntos estratégicos para seguir el encuentro. La organización del evento, con filtros de seguridad implementados por el gobierno capitalino, mantenía el flujo controlado y prevenía el acceso de alcohol, lo que dejó a muchos satisfechos.
“Sí, está muy bien, más porque no dejan pasar bebidas alcohólicas”, decía una mujer mientras algunas voluntarias realizaban revisiones.
La ilusión se mantiene a pesar del retraso
Cuando se anunció el retraso del partido, lejos de desanimarse, los presentes comenzaron a animarse con porras y risas. La emoción llenaba cada rincón y, a medida que se acercaba la hora de inicio, el Paseo se convirtió en un verdadero mosaico humano de apoyo a la selección.
Sin embargo, la ilusión sufrió un golpe cuando Inglaterra tomó la delantera 2-0. Una oleada de silencio y preocupación inundó la avenida, pero el gol de Julián Quiñones justo antes del descanso revitalizó el espíritu de los aficionados.
Esperas llenas de emociones
Con el marcador 3-2 en contra, cada jugada de México se vivía con una mezcla de esperanza y angustia. Los seguidores mostraban un fervor palpable: manos en la cabeza, ojos cerrados, súplicas al cielo y gritos que resonaban en la noche como si pudieran influir en el resultado.
La emoción, que había llenado el aire durante la mayor parte del partido, se tornó en un profundo silencio a medida que se acercaba el final. Aun así, a pesar de la derrota, muchos decidieron permanecer en el lugar para despedir a la selección con aplausos, reconociendo el esfuerzo y la lucha de su equipo.
El orgullo persiste tras la derrota
Aunque las lágrimas y el desconsuelo marcaron el rostro de muchos, también hubo un sentido de orgullo colectivo. Los aficionados vivieron momentos intensos de emoción y desilusión en un solo juego, recordando que, a pesar del resultado, la pasión por el fútbol y la identidad nacional permanecen intactas.
En la Glorieta del Caballito, bajo la lluvia, el fervor por la selección fue palpable. Las playeras verdes dominaron el ambiente, creando un espectro de esperanza de que el próximo mundial podría ofrecer un camino diferente.
El cierre del partido dejó un rastro de reflexión y determinación entre los seguidores, quienes, a pesar de la tristeza, prometieron seguir apoyando y soñando con un futuro más brillante para el fútbol mexicano.

