La isla más grande del mundo vuelve al centro del tablero global. Donald Trump ha retomado su idea de anexarla a Estados Unidos, ahora con un tono más serio y en un contexto internacional más tenso.
WASHINGTON.— Durante su primer discurso ante el Congreso tras regresar a la presidencia, Donald Trump reavivó una de sus propuestas más controversiales: anexar Groenlandia a Estados Unidos. “De una forma u otra lo conseguiremos”, dijo. Aunque parezca exagerado, no es la primera vez que Washington plantea esta idea, ni el primer presidente que la impulsa.
Pero, ¿qué tiene Groenlandia que despierta tanto interés?
Una isla estratégica, bajo soberanía danesa
Groenlandia es un territorio autónomo de Dinamarca. Aunque tiene su propio Parlamento y administra muchos asuntos internos, Copenhague sigue controlando áreas clave como relaciones exteriores, seguridad y finanzas.
A lo largo de la historia, esta isla —rica en recursos naturales y estratégicamente ubicada entre América del Norte y Europa— ha sido objeto de disputas e intereses geopolíticos. Estados Unidos ya había intentado comprarla formalmente en 1946, cuando el presidente Harry Truman ofreció 100 millones de dólares al gobierno danés tras la Segunda Guerra Mundial.
Las riquezas bajo el hielo
El verdadero interés está bajo el suelo. Groenlandia posee depósitos significativos de 38 minerales clave para la economía global, entre ellos cobre, cobalto, níquel, titanio y una categoría especialmente codiciada: las tierras raras. Estos elementos —como el itrio, lantano, tulio o erbio— son esenciales para fabricar turbinas eólicas, motores eléctricos, dispositivos tecnológicos y equipos militares.
En total, se estima que existen alrededor de 31 mil millones de barriles de petróleo y gas aún por extraerse, aunque Groenlandia prohibió en 2021 nuevas exploraciones petroleras para frenar el cambio climático. Sin embargo, el potencial energético sigue latente, y no pasa desapercibido para potencias como Estados Unidos y China.
El peso geopolítico: la Ruta de la Seda Polar
La ubicación de Groenlandia también es clave. El deshielo del Ártico ha abierto nuevas rutas marítimas. China impulsa desde hace años la “Ruta de la Seda Polar”, un ambicioso proyecto para conectar Asia y Europa a través del Polo Norte, en alianza con Rusia. Y Groenlandia está justo en medio.
Actualmente, dos mineras australianas con inversión china exploran zonas clave en busca de tierras raras. Para Estados Unidos, esto representa una amenaza estratégica, ya que China ya controla gran parte del mercado global de esos minerales.
Más que un capricho: una disputa por el Ártico
Aunque la propuesta de Trump ha generado burlas y memes desde 2019, cuando también quiso comprar Groenlandia durante su primer mandato, el fondo del asunto es muy serio. El calentamiento global, los recursos críticos, la competencia con China y Rusia, y la reconfiguración de rutas comerciales han convertido al Ártico en un nuevo escenario de tensiones globales.
En este contexto, Groenlandia no es solo una isla remota: es una carta geoestratégica en la disputa por el futuro del planeta.

