Hoy el pleito entre Ricardo Salinas Pliego y el gobierno federal parece inevitable. Pero no siempre fue así. Durante los primeros años del obradorismo, la relación fue cercana, pública y funcional. Tan cercana, que terminó influyendo en decisiones de gobierno.
¿Qué pasó para que esa alianza se rompiera por completo?
La cercanía inicial con López Obrador
Cuando Andrés Manuel López Obrador llegó a la Presidencia en 2018, Salinas Pliego no era un empresario distante. Al contrario. El mandatario lo invitó a formar parte de un Consejo Asesor Empresarial de la Presidencia, lo que implicaba reuniones periódicas y una interlocución directa con el poder Ejecutivo.
Ese vínculo no era nuevo. Salinas había cultivado su relación con López Obrador desde que el tabasqueño era candidato presidencial en 2006. En aquel entonces, TV Azteca le concedió un espacio diario de 30 minutos para difundir su proyecto, mientras López Obrador denunciaba un cerco informativo en otros medios.
La cercanía quedó exhibida el 22 de noviembre de 2018, días antes de que AMLO asumiera la Presidencia, cuando acudió al 25 aniversario de TV Azteca. Ahí, el propio presidente electo agradeció públicamente al empresario el espacio que le dio en campañas pasadas y aseguró que nunca fue objeto de campañas sucias desde ese medio.
En ese mismo evento, Salinas Pliego firmó un convenio para apoyar con sus empresas hasta 100 mil aprendices del programa Jóvenes Construyendo el Futuro, uno de los proyectos emblemáticos del nuevo gobierno.
Influencia y beneficios
La relación también tuvo efectos concretos. En 2019, Banco Azteca recibió contratos directos para dispersar más de 140 mil millones de pesos de programas sociales federales.
Ese mismo año, López Obrador nombró secretario de Educación Pública a Esteban Moctezuma, un colaborador histórico de Salinas Pliego, pese a que no había participado en la fundación de Morena ni en la campaña presidencial. En 2020, Moctezuma fue designado embajador de México en Estados Unidos, uno de los cargos diplomáticos más relevantes, posición que se mantuvo incluso con la llegada de Claudia Sheinbaum.
El punto de quiebre: impuestos y pandemia
Pero la frase “cuentas claras, amistades largas” no se cumplió. Salinas Pliego acumulaba adeudos fiscales que rondaban los 51 mil millones de pesos y llevaba cerca de dos décadas litigando para no pagarlos. El propio empresario reconoció que esperaba que su cercanía con el presidente ayudara a resolver el conflicto.
La primera gran crisis llegó en 2020, en plena pandemia de Covid-19, cuando Salinas se negó a cerrar las sucursales de Elektra y Banco Azteca. Para mantenerlas abiertas, interpuso cuatro amparos contra las disposiciones sanitarias del gobierno federal.
Un año después, la relación se tensó aún más. Raquel Buenrostro, entonces titular del Servicio de Administración Tributaria, rompió el secreto fiscal y reveló públicamente que el empresario debía alrededor de 40 mil millones de pesos en impuestos. La respuesta fue inmediata: Salinas Pliego aseguró en redes sociales que no pagaría “ni un rábano”.
De la confrontación pública a la ruptura total
Desde entonces, el conflicto escaló a una guerra abierta de declaraciones. El empresario recurrió a amparos que pasaron por jueces, magistrados y finalmente ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. La ruptura se consumó en todo el tramo final del sexenio de López Obrador y continuó durante todo el inicio de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum.
En noviembre de 2025, la Suprema Corte resolvió que Salinas Pliego debía pagar alrededor de 50 mil millones de pesos en impuestos, cerrando uno de los litigios fiscales más largos y visibles del país.
Un cierre aún polémico
En enero de este año, Salinas Pliego logró un acuerdo con el SAT: una reducción del 37% de su deuda total. El empresario se comprometió a pagar 32 mil millones de pesos y ya habría cubierto 10 mil millones.
Así, la historia entre Salinas Pliego y el obradorismo pasó de la cercanía política y los beneficios mutuos a un enfrentamiento frontal que marcó buena parte del debate público sobre poder, impuestos y límites entre el gobierno y los grandes empresarios.
La pregunta que queda en el aire es si este caso cerró un capítulo.

