Este 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva militar coordinada contra Irán, marcando una escalada directa y de alto riesgo en Oriente Medio.
En Washington la operación fue bautizada como “Furia Épica”. En Israel, como “León Rugiente”. El presidente Donald Trump habló de “operaciones de combate mayores” para eliminar una amenaza inminente contra intereses estadounidenses, incluidas bases militares en la región. El primer ministro Benjamin Netanyahu justificó la ofensiva como necesaria para impedir que Irán obtenga el arma nuclear.
El discurso de ambos es prácticamente el mismo. Y no suena a un ataque quirúrgico de una sola noche, sino a una campaña de varios días.
Qué se ha atacado
Los objetivos reportados incluyen:
- Reuniones de altos mandos en Teherán.
- Infraestructura estratégica vinculada a defensa y seguridad.
- Posibles blancos relacionados con el entorno del líder supremo Ali Khamenei.
Por el tipo de blancos, la operación no parece únicamente preventiva. El objetivo implícito sería debilitar estructuras de seguridad y liderazgo con la expectativa de erosionar al régimen desde dentro.
La respuesta iraní
La reacción fue inmediata. Irán lanzó ataques retaliatorios con misiles y drones contra:
- Israel
- Emiratos Árabes Unidos
- Qatar
- Bahréin
Todos albergan bases militares estadounidenses o aliadas.
El espacio aéreo de Israel e Irán fue cerrado. Cientos de vuelos en Medio Oriente han sido desviados o cancelados. Además, comienzan a afectarse los flujos marítimos en el Estrecho de Ormuz, por donde transita una parte crucial del petróleo mundial.
Eso convierte el conflicto en un asunto global, no solo regional.
Riesgo de expansión
Más allá de los ataques directos entre Estados, existe el riesgo de que el conflicto se amplíe mediante actores aliados de Irán:
- Kataib Hezbollah en Irak ha amenazado instalaciones estadounidenses.
- Los Hutíes en Yemen podrían retomar ataques en el Mar Rojo.
- Hezbollah en Líbano enfrenta presión interna para no intervenir, pero sigue siendo un factor clave.
Si estos frentes se activan, el conflicto podría multiplicarse en distintos puntos del mapa al mismo tiempo.
Reacciones internacionales
Rusia condenó los ataques y reafirmó su apoyo a Irán.
China llamó al cese inmediato del fuego y advirtió contra una escalada.
Francia, Reino Unido y Alemania condenaron los ataques iraníes contra países vecinos y subrayaron que no participaron en la ofensiva inicial.
El presidente Volodímir Zelenski respaldó la determinación de EE. UU., recordando la cercanía entre Irán y Moscú.
Qatar y Arabia Saudita llamaron a frenar la escalada y volver al diálogo.
No hay consenso global. Hay preocupación.
Costos humanos inmediatos
Los ataques ya han dejado víctimas civiles. Se reportan al menos 51 muertos tras un bombardeo contra una escuela en el sur de Irán, además de explosiones en Teherán, Isfahán, Qom, Karaj y Kermanshah. También hay señales de daños cerca del barrio Pasteur, donde se ubican la residencia del líder supremo y la presidencia.
Las preguntas clave
Esta operación abre interrogantes de fondo:
- ¿Puede Irán infligir daños significativos a EE. UU. o Israel?
- ¿Resistirá Trump si hay bajas estadounidenses o una crisis energética derivada del conflicto?
- ¿Es realista apostar a que la población iraní derroque al régimen sin un liderazgo organizado que capitalice el descontento?
Dimensión interna en Estados Unidos
Antes de la ofensiva, la opinión pública estadounidense mayoritariamente no favorecía una intervención directa. Trump no solicitó autorización previa del Congreso. Si la campaña se prolonga, fracasa o provoca un aumento en los precios de la energía, el costo político interno podría ser considerable.
Además del frente militar, existe el riesgo de:
- Ciberataques contra infraestructura estadounidense.
- Represalias asimétricas fuera del campo de batalla convencional.
- Impactos en los precios energéticos a nivel global.
En resumen, no se trata de un intercambio aislado de golpes. Es una apuesta de alto riesgo con impacto regional y consecuencias potencialmente globales. La pregunta ahora no es solo quién tiene más capacidad militar, sino quién está dispuesto —y puede permitirse— sostener la escalada.

