Irán atraviesa una de sus crisis internas más graves desde la Revolución Islámica de 1979. Desde finales de diciembre de 2025, protestas masivas se han extendido por las principales ciudades del país, impulsadas por el colapso económico, el hartazgo social y un rechazo cada vez más abierto al sistema político que gobierna desde hace más de cuatro décadas.
Aunque el gobierno ha restringido severamente el acceso a internet y a las comunicaciones, organizaciones de derechos humanos estiman que cientos de personas han muerto y más de 10 mil han sido detenidas en el marco de la represión.
¿Qué está pasando hoy?
Las protestas comenzaron por motivos económicos. El rial iraní alcanzó mínimos históricos, la inflación se disparó y el costo de vida se volvió insostenible para amplios sectores de la población. Las primeras manifestaciones surgieron en el Gran Bazar de Teherán, un termómetro histórico del malestar social, y rápidamente se expandieron a otras ciudades.
Con el paso de los días, las consignas dejaron de centrarse solo en precios y salarios. Las protestas evolucionaron hacia críticas directas al régimen teocrático y a la estructura política de la República Islámica.
¿De dónde viene este conflicto?
Para entender la magnitud del momento actual hay que remontarse a 1979. Ese año, una revolución popular derrocó al Shah Mohammad Reza Pahlavi, una monarquía autoritaria pero alineada con Occidente, y dio origen a la República Islámica liderada por el ayatolá Ruhollah Khomeini.
Desde entonces, Irán ha sido gobernado como una teocracia donde el Líder Supremo concentra el poder real, la religión influye directamente en las leyes y la disidencia suele ser tratada como una amenaza al Estado.
El malestar no es nuevo. En 2022, la muerte de Mahsa Amini bajo custodia de la policía moral desató protestas encabezadas por mujeres y jóvenes, que dejaron en evidencia un profundo rechazo social que el régimen logró contener, pero no eliminar.
El factor económico y el programa nuclear
La situación actual se agravó por el endurecimiento de sanciones internacionales vinculadas al programa nuclear iraní. En 2025, el Consejo de Seguridad de la ONU decidió no levantarlas, aumentando la presión económica interna.
Aunque Irán sostiene que su programa nuclear es pacífico, Estados Unidos e Israel lo consideran una amenaza estratégica, lo que ha mantenido al país bajo aislamiento y sanciones durante años.
El entorno internacional
Las protestas ocurren en medio de fuertes tensiones regionales. En 2025 hubo enfrentamientos indirectos entre Irán, Israel y Estados Unidos. Washington ha advertido que evalúa opciones si la represión continúa, mientras Teherán amenaza con responder ante cualquier intervención externa.
Esto eleva el riesgo de que una crisis interna se conecte con un conflicto regional más amplio.
¿Puede caer el régimen?
No hay una respuesta clara. Existen tres escenarios posibles: una represión que mantenga al régimen, una crisis prolongada con reformas limitadas, o una fractura que derive en una transformación política más profunda. Aunque algunos manifestantes mencionan figuras como Reza Pahlavi —hijo del último Shah—, no existe una oposición unificada ni un proyecto político claro.
Por qué importa
Irán no vive solo una crisis económica. Vive el choque entre una sociedad cansada y un sistema político que muchos consideran agotado. En un país clave para la estabilidad de Medio Oriente, lo que ocurra en las próximas semanas no solo definirá el futuro iraní, sino que puede tener repercusiones regionales y globales.

