El 28 de febrero de 2026 inició la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. El golpe fue devastador desde el primer momento: en esos primeros ataques murió el Líder Supremo de Irán, el ayatola Alí Jamenei, quien había gobernado el país por casi cuatro décadas.
Pero si el inicio fue brutal, las últimas semanas fueron las más intensas del conflicto — no en bombas, sino en palabras, ultimátums y una negociación que llegó al límite literal del reloj.
El estrecho que tiene al mundo de rehén
Para entender todo lo que pasó, hay que entender Ormuz. Es una franja de agua de apenas 33 kilómetros en su punto más angosto, entre Irán y Omán. Por ahí pasa el 20% del petróleo mundial. Arabia Saudita, Kuwait, los Emiratos, Qatar, Iraq — todo sale por ese cuello de botella.
Desde que empezó la guerra, Irán lo cerró selectivamente. El resultado fue inmediato: el petróleo se disparó a más de 114 dólares el barril, la gasolina en Estados Unidos llegó a 4 dólares por galón, y países del sur de Asia entraron en crisis energética. Ormuz no es una amenaza simbólica. Es la palanca real de Irán en esta guerra.
Cuando más de 30 países intentaron llevar el tema a la ONU para garantizar el paso seguro por el estrecho, Rusia y China vetaron la resolución. La votación fue 11 a favor, 2 en contra y 2 abstenciones. Los países del Golfo no ocultaron su molestia: ese veto mandó “la señal equivocada al mundo.”
Trump sube el volumen — al máximo
Con la presión económica disparada, el gobierno de Estados Unidos emitió un ultimátum a Teherán que llegó en dos momentos distintos, y muy distintos en tono.
El primero fue el discurso formal ante la nación, transmitido en cadena. La imagen que recorrió el mundo no fue su contenido sino el escenario: Trump hablando del destino de Irán flanqueado por el Conejo de Pascua, en la celebración de Semana Santa en la Casa Blanca. Una estampa que resumió el caos comunicativo de estos días mejor que cualquier análisis.
El segundo fue en Truth Social, su red social, sin filtros ni protocolo. Ahí escribió que si Irán no reabría el Estrecho antes de las 8 de la noche del martes 7 de abril, vendría una destrucción a gran escala de la infraestructura civil y militar iraní. “Una civilización entera moriría esa noche”, publicó.
La amenaza causó conmoción en todo el espectro político. La senadora republicana Lisa Murkowski escribió que ese tipo de retórica “es una afrenta a los ideales que nuestra nación ha buscado defender durante casi 250 años”. El senador republicano Ron Johnson, normalmente un firme partidario de Trump, declaró que el presidente “lo perdería” si atacaba objetivos civiles. Los demócratas fueron más lejos: algunos pidieron invocar la 25a Enmienda para destituirlo.
El Papa León XIV lo llamó “inaceptable”. La ONU expresó “profunda preocupación”. Irán respondió que estaba “listo para todos los escenarios” y convocó a su población a formar cadenas humanas alrededor de las centrales eléctricas, anticipando que serían los próximos blancos.
Los 10 puntos de Irán
En ese contexto llegó la contrapropuesta iraní: un plan de 10 puntos entregado vía Pakistán. Los más relevantes: garantía de que Irán no será atacado de nuevo, levantamiento de todas las sanciones, fin de los ataques israelíes en Líbano, retirada de fuerzas estadounidenses de la región — y lo más inusual — que Irán cobraría una tarifa de 2 millones de dólares por barco que transite por Ormuz, usando esos fondos para reconstrucción en lugar de pedir reparaciones de guerra formales.
Trump dijo que era “una base viable para negociar”. Pero según un funcionario de la Casa Blanca, la propuesta que Irán publicó públicamente no fue la misma que Trump dijo haber recibido. Hay dos versiones circulando. Trump lo atribuyó en Truth Social a “estafadores y charlatanes” que filtran versiones falsas. Nadie aclaró cuál era la real ni cuánto se diferenciaban.
El acuerdo de último minuto
Con menos de dos horas para que venciera el plazo, Trump anunció el alto al fuego. La condición central: Estados Unidos e Israel suspendieron los bombardeos durante dos semanas mientras Irán reabrió el Estrecho de Ormuz. El mediador fue Pakistán — el actor que nadie tenía en el radar y que terminó siendo el más importante de estas semanas.
Ambos lados salieron a declarar victoria. Irán dijo que “casi todos los objetivos de la guerra habían sido alcanzados”. Trump dijo que Irán cedió. Las dos cosas no podían ser ciertas al mismo tiempo — y esa contradicción fue exactamente el problema desde el primer momento.
Israel, el factor que puede romper todo
El acuerdo tenía una grieta enorme: Líbano. Pakistán anunció que el cese al fuego lo incluía. Israel dijo que no. Netanyahu fue claro: las operaciones contra Hezbollah continuarían independientemente del acuerdo con Irán. Horas después del anuncio, Israel lanzó un nuevo ataque en Beirut. El Parlamento iraní acusó a Estados Unidos de violar el acuerdo — porque para Teherán, lo que hace Israel y lo que hace Washington son la misma cosa. Hay reportes no confirmados de que Irán habría vuelto a cerrar el estrecho en respuesta.
El saldo en Líbano al cierre del 8 de abril: más de 1,530 muertos desde el 2 de marzo.
El costo político para Trump
La guerra era para ser rápida. Trump llegó a decir que podía terminar “en dos semanas, tal vez un par de días más”. Llegaron 40 días y lo que hubo fue un alto al fuego frágil con letra chica disputada.
Las encuestas contaron una historia difícil. Su índice de aprobación cayó al 36%, el más bajo desde su regreso a la Casa Blanca. El 56% de los estadounidenses se opuso a la acción militar en Irán y el 54% desaprobó su manejo del conflicto. Incluso dentro de su base republicana, solo el 20% quiso que el conflicto escalara. El resto prefirió mantener el nivel actual o reducir la intensidad.
Legisladores republicanos de alto rango criticaron al Pentágono por sesiones informativas clasificadas donde los funcionarios no pudieron responder preguntas básicas sobre cómo planeaban terminar la guerra. Marjorie Taylor Greene, exaliada de Trump reconvertida en crítica, escribió en X: “Nuestro presidente no es cristiano, y sus palabras y acciones no deberían ser apoyadas por los cristianos.”
Algunos analistas y políticos ya hablaron de otro momento “TACO” — el apodo que circuló para describir el patrón de Trump de lanzar amenazas máximas para luego retractarse, borrando sus propias líneas rojas y sembrando dudas sobre su credibilidad. Con las elecciones legislativas de noviembre en el horizonte, la guerra se convirtió en un problema político que el Partido Republicano no supo cómo resolver.
Qué viene ahora
El viernes 10 de abril arrancaron negociaciones formales en Islamabad, con Irán confirmando que fue con sus 10 puntos como base. Estados Unidos no confirmó eso. Sobre la mesa quedaron los temas que ningún alto al fuego resuelve solo: el programa nuclear iraní, las sanciones, el futuro de Hezbollah y quién paga la reconstrucción.
Dos semanas de pausa. Una mesa en Islamabad. Y un conflicto en Líbano que ningún papel detuvo.
El director de la Agencia Internacional de Energía lo dijo sin rodeos: lo que pasó en Ormuz no fue una crisis pasajera. “La arquitectura del sistema energético mundial va a cambiar para siempre.”

