Un empleado de una empresa viaja a Guadalajara para hacer trámites de trabajo. Se hospeda en un hotel del centro, da su nombre, entrega su credencial y el número de celular que le dio la empresa. La primera noche no pasa nada. La segunda noche, al llegar, nota gente extraña en la recepción. Minutos después le llaman a su habitación. Empieza así uno de los relatos que el periodista Héctor de Mauleón documentó en su columna de El Universal, y que según él replica exactamente el mismo patrón de otro caso ocurrido días antes en un hotel en la Ciudad de México, la víspera de la inauguración del Mundial.
Cómo opera el engaño
De acuerdo con la reconstrucción de De Mauleón, alguien se identifica por teléfono como autoridad, generalmente diciendo ser de la fiscalía, o de plano como integrante de un grupo criminal. Aseguran haber encontrado un vehículo con drogas o armas cerca del hotel y advierten que el hotel estaría siendo usado como casa de seguridad. Piden a la víctima que no salga de su habitación y que, si escucha ruidos, se tire al piso.
Después llega alguien encapuchado a la habitación, se presenta como comandante, y comienza un interrogatorio prolongado: quién es la víctima, a qué se dedica, cuántos teléfonos trae, de dónde son sus números. Le piden que ponga sus pertenencias sobre una mesa y se siente en la cama. La persona queda bajo vigilancia constante durante horas, sin poder dormir.
El experto en seguridad Carlos Seoane, entrevistado por De Mauleón, explica que en algún momento del cautiverio se induce a la víctima a hacer una transferencia bancaria de lo que tenga disponible. Y horas después llega la segunda fase: le piden llamar a un familiar o a su jefe, bajo el pretexto de dar referencias, y ese contacto recibe después una llamada amenazante exigiendo dinero, con el argumento de que la víctima presenció accidentalmente un hecho violento y que solo pagando se le perdonará la vida.
Seoane llama a esta modalidad el secuestro virtual en su versión del viajero, dirigida específicamente a turistas y empleados que hacen viajes breves de trabajo. Explica que la lógica del engaño es mantener a la persona despierta e incomunicada durante toda la noche, sometida a un desgaste psicológico intenso, hasta que pierde la capacidad de resistirse o de pensar con claridad.
Un patrón que se repite en varios estados
De Mauleón señala que después de publicar los primeros casos, ocurridos en Guadalajara y en la Ciudad de México, comenzaron a llegarle reportes de episodios similares en Iguala, Querétaro, Oaxaca, Morelia, Durango y Valle de Bravo, algunos de ellos en hoteles de cadenas reconocidas. Seoane, quien ha atendido más de mil casos de este tipo según su propio testimonio, afirma que ya perdió la cuenta.
Un elemento que ambos señalan como factor de riesgo es que en algunos casos el personal del hotel estaría involucrado, ya que los delincuentes suelen tener acceso a datos que normalmente solo se comparten al hacer el check-in, como el número de celular personal del huésped.
Por qué casi nadie lo denuncia
Según la columna, la mayoría de las víctimas no denuncia por miedo, ya que los responsables se quedan con toda su información personal y la de su círculo cercano. Seoane insiste en un punto central para quien pueda estar viviendo una situación similar: no se trata de un secuestro real, sino de un engaño diseñado para generar pánico y presión inmediata. Su recomendación es cortar la comunicación y no ceder a las instrucciones telefónicas, entendiendo que el objetivo de los delincuentes es actuar rápido, antes de que la víctima o su familia tengan tiempo de verificar lo que realmente está pasando.

