La noche del 31 de agosto, cientos de miles de usuarios de Yucatán, Quintana Roo, Campeche y Chiapas se quedaron sin electricidad durante varias horas.
La explicación de la Comisión Federal de Electricidad parece, a primera vista, desproporcionada frente al tamaño del apagón: dos líneas de transmisión de 400 kilovoltios salieron de operación después de que su infraestructura fuera dañada por presuntos actos de vandalismo.
CFE informó que trabajaría con el Centro Nacional de Control de Energía, Cenace, para restablecer el servicio y realizar los peritajes correspondientes.
¿Cómo es posible que dañar dos líneas eléctricas pueda provocar apagones en cuatro estados?
La respuesta no está únicamente en lo que ocurrió esa noche. También tiene que ver con una vulnerabilidad que el sureste mexicano arrastra desde hace años: la Península de Yucatán no siempre genera dentro de la región toda la electricidad que consume y depende, en parte, de grandes corredores de transmisión que la conectan con el resto del Sistema Eléctrico Nacional.
No eran dos cables cualquiera
Las líneas de 400 kilovoltios están entre las grandes vías utilizadas para transportar electricidad a largas distancias.
La electricidad no necesariamente se produce cerca del lugar donde se consume. Una central puede encontrarse a cientos de kilómetros de las ciudades que terminarán utilizando esa energía.
Por eso existen las redes de transmisión: enormes corredores que llevan grandes cantidades de electricidad desde donde se genera hasta las distintas regiones del país.
Cuando una línea de esta importancia sale de operación, no se pierde simplemente el suministro de una colonia. Se pierde una de las principales rutas por las que puede circular electricidad a gran escala.
En este caso fueron dos líneas simultáneamente.
Una región que depende de electricidad de otras partes del país
Aquí está una de las claves para entender el tamaño del problema.
Datos publicados por Cenace durante la tarde del mismo 31 de agosto muestran que la región Peninsular estaba consumiendo más electricidad de la que generaba localmente.
A las 15:56 horas, la demanda neta de la región era de aproximadamente 2 mil 609 megawatts, mientras que la generación dentro de la propia región era de alrededor de 2 mil 261 megawatts.
Media hora después, la demanda rondaba los 2 mil 617 megawatts frente a una generación de 2 mil 221 megawatts.
Esa diferencia se cubre mediante intercambio con otras regiones del sistema.
No se trata de algo excepcional. Cenace muestra regularmente a la región Peninsular importando electricidad del resto del Sistema Interconectado Nacional.
En otro registro, por ejemplo, reportó 1,820 megawatts de generación local frente a 2,497 megawatts de demanda, con un intercambio neto de 673 megawatts.
Eso significa que la capacidad de transmitir electricidad hacia la Península es especialmente importante para su funcionamiento diario.
¿Por qué no se usaron simplemente otras líneas?
La red eléctrica tiene redundancias y rutas alternativas, pero eso no significa que cualquier línea pueda sustituir inmediatamente a otra.
Cada corredor tiene límites sobre cuánta electricidad puede transportar.
Cuando dos grandes vías desaparecen al mismo tiempo, parte de la energía tiene que redistribuirse por las rutas que siguen disponibles.
Si esas rutas no tienen capacidad suficiente, o la red detecta condiciones que pueden poner en riesgo otros equipos, existen protecciones que desconectan determinadas partes del sistema para impedir una falla todavía mayor.
Por eso una afectación localizada puede terminar produciendo apagones a cientos de kilómetros de distancia.
CFE no ha publicado hasta ahora un informe técnico completo que permita reconstruir paso por paso la secuencia exacta del apagón del 31 de agosto.
Por ello, no puede afirmarse todavía qué equipos se desconectaron primero ni cuáles fueron todos los mecanismos que extendieron la falla.
Años de discusión sobre la inversión en transmisión
El apagón también vuelve a poner sobre la mesa una discusión que lleva años abierta: si México ha invertido lo suficiente en ampliar y modernizar sus redes de transmisión y distribución.
Durante el sexenio anterior, especialistas y organizaciones advirtieron sobre una reducción de la inversión en distintas áreas de infraestructura eléctrica.
México Evalúa calculó que, al cierre de 2023, CFE había invertido 5 mil 530 millones de pesos en transmisión eléctrica, una reducción real de 16.92 por ciento respecto de 2018.
En distribución, la caída frente a 2018 fue de 37 por ciento.
En una evaluación posterior, la organización estimó que la inversión física acumulada de CFE durante el periodo 2018-2024 fue menor a la registrada en administraciones anteriores y advirtió que una menor expansión de infraestructura podía limitar la capacidad de generación, transmisión y distribución del sistema.
Esto no significa que esa reducción pueda señalarse, por sí sola, como la causa directa del apagón del 31 de agosto.
Pero sí ayuda a entender por qué existe desde hace años una discusión sobre la necesidad de construir nuevas líneas, subestaciones y rutas alternativas que permitan transportar electricidad con mayor seguridad.
El gobierno actual reconoce la necesidad de reforzar la red
Una de las mayores inversiones anunciadas por el gobierno de Claudia Sheinbaum está dirigida precisamente a transmisión y distribución.
En julio de 2026, la presidenta informó que durante su sexenio se invertirán 244 mil millones de pesos en esas dos áreas: 172 mil millones para transmisión y 72 mil millones para distribución.
La propia CFE ha defendido este programa como una respuesta a las necesidades de expansión del sistema.
Funcionarios federales han señalado que el objetivo es fortalecer las líneas que transportan electricidad entre distintas regiones y aumentar la capacidad de la red.
La dimensión de ese programa revela algo importante: fortalecer a CFE no consiste únicamente en construir o adquirir plantas generadoras.
También hay que construir la infraestructura que permita mover la electricidad hasta donde se necesita.
Generar electricidad no es lo mismo que poder transportarla
Durante los últimos años, el discurso energético del gobierno mexicano ha colocado en el centro conceptos como soberanía energética y fortalecimiento de CFE.
Pero existe otra parte del problema menos visible.
Una región puede tener acceso a suficiente electricidad dentro del sistema nacional y, aun así, enfrentar riesgos si existen cuellos de botella para llevar esa energía hasta donde se consume.
Aquí conviene distinguir entre soberanía energética y autosuficiencia regional.
México puede producir electricidad a nivel nacional y, al mismo tiempo, tener regiones que dependan de recibir parte de esa energía desde otras zonas del sistema.
Ese es precisamente uno de los retos históricos de la Península de Yucatán.
La región todavía no tiene plena autosuficiencia eléctrica y depende, en determinados momentos, de recibir una parte de su energía desde otras zonas del país.
Eso vuelve particularmente relevantes las líneas que permiten ese intercambio.
Un problema que ya había mostrado sus consecuencias
El apagón de esta semana tampoco es el primer ejemplo de cómo una falla en infraestructura de transmisión puede multiplicarse dentro de la Península.
En septiembre de 2025, un incidente relacionado con líneas de 400 kilovoltios terminó sacando de operación nueve centrales eléctricas con 16 unidades generadoras.
Más de dos millones de usuarios de Yucatán, Campeche y Quintana Roo perdieron temporalmente el suministro.
El episodio mostró que una falla en una parte estratégica de la red puede desencadenar afectaciones mucho mayores que el punto donde comenzó.
¿Vandalismo o falta de infraestructura?
Son dos preguntas distintas.
CFE sostiene que el evento del 31 de agosto comenzó con actos de vandalismo sobre infraestructura de dos líneas de transmisión.
Esa es, hasta ahora, la versión oficial sobre el origen de la falla, y los peritajes deberán determinar exactamente qué ocurrió y quién fue responsable.
Pero incluso si esa versión se confirma por completo, queda una segunda pregunta:
¿Por qué el daño en únicamente dos líneas pudo generar afectaciones en cuatro estados?
Ahí la respuesta ya no depende solamente del vandalismo.
Tiene que ver con la forma en que está conectada la Península, con cuánto puede generar localmente, con cuánta electricidad necesita recibir desde otras regiones y con la capacidad de la red para absorber la pérdida simultánea de infraestructura crítica.
El apagón no demuestra por sí mismo que la falta de inversión haya provocado la falla.
Pero sí expone una vulnerabilidad que el propio gobierno está destinando cientos de miles de millones de pesos a corregir.
Porque la soberanía energética no depende solamente de producir electricidad.
También depende de tener una red suficientemente fuerte para transportarla y de contar con suficientes rutas alternativas para que la pérdida de dos líneas no termine provocando apagones en buena parte del sureste mexicano.
De acuerdo con la Comisión Federal de Electricidad, dos líneas de transmisión de 400 kilovoltios salieron de operación después de que parte de su infraestructura fuera dañada por presuntos actos de vandalismo. Los peritajes deberán determinar con precisión cómo ocurrió la afectación.
El corte de electricidad afectó a usuarios de Yucatán, Quintana Roo, Campeche y Chiapas.
Porque las líneas de 400 kilovoltios funcionan como grandes corredores para transportar electricidad entre regiones. Si dos rutas importantes salen simultáneamente de operación, la energía debe redistribuirse por otras líneas, que pueden no tener capacidad suficiente para absorber todo el flujo.
La región no siempre genera localmente toda la electricidad que consume. En distintos momentos, la diferencia entre generación y demanda se cubre mediante intercambios de energía con otras regiones del Sistema Interconectado Nacional.
La red tiene rutas alternativas, pero cada línea tiene límites de capacidad. Cuando se pierden grandes corredores de transmisión al mismo tiempo, las rutas restantes pueden no ser suficientes para transportar toda la electricidad necesaria.
Son líneas de alta tensión diseñadas para transportar grandes cantidades de electricidad a largas distancias. Forman parte de la infraestructura principal que conecta centrales eléctricas, subestaciones y distintas regiones del país.

