La extrema derecha consiguió casi 44 por ciento de los votos en una región de Alemania y quedó a solo tres diputados de poder gobernarla por sí sola. Si AfD consigue llegar al gobierno, sería la primera vez desde la Segunda Guerra Mundial que una fuerza de extrema derecha gobierna uno de los estados alemanes. Esto es lo que pasó y por qué preocupa a toda Europa.
¿Qué pasó en las elecciones de Alemania?
Alternativa para Alemania, conocida como AfD, obtuvo el 43.8 por ciento de los votos en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt, celebradas el 6 de septiembre de 2026, con una participación histórica del 77.8 por ciento.
Consiguió 39 de los 83 escaños del Parlamento estatal; la mayoría absoluta está en 42. La CDU, partido del canciller Friedrich Merz, cayó al 17.2 por ciento, casi 27 puntos por debajo.
AfD ya había ganado unas elecciones regionales en Turingia en 2024, pero fue excluida del gobierno porque los demás partidos formaron una mayoría alternativa en su contra. La diferencia ahora es que en Sajonia-Anhalt quedó a un paso de gobernar sola, algo que sí sería inédito en la Alemania posterior a 1945.
De un partido euroescéptico a la extrema derecha en Alemania
AfD nació en 2013 como un movimiento crítico de los rescates financieros europeos, fundado por académicos y economistas conservadores.
Su giro radical llegó con la crisis migratoria de 2015, cuando Alemania recibió cientos de miles de refugiados. Desde entonces, la inmigración, el nacionalismo y el rechazo al islam pasaron a ser el centro de su agenda.
Reuters, AP, BBC y numerosos centros académicos la clasifican hoy como partido de extrema derecha por su nacionalismo identitario, sus políticas migratorias extremadamente restrictivas, su oposición al multiculturalismo y porque dirigentes y organizaciones regionales del partido han sido investigados o clasificados como extremistas por organismos de inteligencia alemanes.
En Sajonia-Anhalt, el servicio de protección constitucional del estado clasificó desde 2023 a la organización local de AfD como extremista de derecha confirmada.
A nivel nacional, el servicio federal de inteligencia hizo lo mismo en mayo de 2025, aunque esa clasificación está suspendida mientras se resuelve un litigio legal del partido.
Es importante aclarar que esto no equivale a llamarlo un partido nazi: AfD no propone reinstaurar el régimen nazi ni eliminar las elecciones. Pero sí ha tenido dirigentes con declaraciones revisionistas sobre el pasado nazi y posiciones que las autoridades alemanas consideran incompatibles con su democracia.
Sus propuestas más polémicas. Ultraderecha Alemania
En inmigración, AfD propone controles fronterizos mucho más estrictos, deportaciones más rápidas y límites a las solicitudes de asilo.
Su bandera es el concepto de remigración, que el partido define oficialmente como el retorno de extranjeros sin derecho legal a permanecer en Alemania, aunque medios internacionales como Reuters y Time señalan que en la práctica equivaldría a una política de deportación masiva.
En Sajonia-Anhalt propone además prohibir la bandera del arcoíris en escuelas, ampliar el homeschooling, dar mayor peso a la historia nacionalista alemana y cancelar contratos con el radiodifusor público regional.
También mantiene una postura mucho más favorable a Rusia que el gobierno actual: propone reducir la ayuda militar a Ucrania y oponerse a sanciones contra Moscú.
Esto es clave porque Alemania es la mayor economía de la Unión Europea y uno de los principales apoyos de Ucrania; un giro alemán hacia Rusia cambiaría el equilibrio de todo el continente.
Por qué gana tanto apoyo la ultraderecha en Alemania
No se trata solo de un voto extremista.
Un análisis de trasvase de voto de Infratest dimap encontró que uno de los mayores grupos de nuevos votantes de AfD, unos 170 mil, provino de personas que antes no votaban, y no únicamente de electores que cambiaron desde otros partidos.
El voto combina descontento económico, desconfianza hacia los partidos tradicionales y, en el este del país, un resentimiento histórico.
Un estudio de la fundación Konrad-Adenauer-Stiftung encontró que el 83 por ciento de los simpatizantes de AfD sienten que los alemanes del este siguen siendo ciudadanos de segunda clase, una percepción que comparten también simpatizantes de otros partidos, aunque AfD la canaliza mejor que nadie.
Sajonia-Anhalt perteneció a la República Democrática Alemana, la Alemania comunista, hasta la reunificación de 1990. Más de tres décadas después, siguen existiendo diferencias económicas y sociales importantes entre el este y el oeste del país.
El obstáculo que aún enfrenta la ultraderecha en Alemania
Los demás partidos alemanes mantienen lo que llaman el Brandmauer, o cordón sanitario: el compromiso de no gobernar ni formar coaliciones con AfD.
Ese mecanismo ha funcionado mientras el partido tuvo un apoyo limitado, pero se vuelve cada vez más difícil de sostener cuando AfD se acerca al 44 por ciento de los votos, porque obliga a partidos muy distintos entre sí a unirse para excluirlo.
AfD utiliza precisamente esa situación como argumento político a su favor y sostiene que el resto de los partidos forman parte de un mismo establishment que busca impedirle gobernar.
Ulrich Siegmund, líder de AfD en el estado, dijo tras la victoria que el resultado envía una señal clara a Berlín y que los votantes quieren de vuelta su “vieja y segura Alemania”.
También sugirió que podría intentar convencer a legisladores de otros partidos de cambiarse de bancada para completar la mayoría, en lugar de depender de una coalición formal.
Por qué preocupa a Europa las elecciones en Alemania
Un gobierno de AfD en un estado alemán no podría cambiar la Constitución del país ni controlar su política exterior, pero sí tendría competencias importantes en áreas como educación, policía regional, cultura y medios públicos locales.
A escala europea, el temor es mayor.
El crecimiento de AfD puede fortalecer a partidos nacionalistas similares en otros países, debilitar el apoyo europeo a Ucrania y aumentar las tensiones dentro de la propia Unión Europea.
Alemania sigue siendo la mayor economía del bloque y uno de sus principales centros de poder político. Por eso, cualquier cambio profundo en su política interna termina teniendo consecuencias mucho más allá de sus fronteras.
Alemania sigue teniendo elecciones libres, tribunales independientes y prensa libre, por lo que hablar de un regreso del nazismo sería impreciso.
Lo que sí está ocurriendo es un cambio profundo en su política: un partido que durante años estuvo fuera del consenso democrático tradicional se está convirtiendo en opción mayoritaria en regiones enteras del país.
Durante décadas, los grandes partidos alemanes pudieron aislar a AfD mediante un cordón sanitario. Pero mientras más se acerque al 50 por ciento de los votos, más difícil será excluirla sin obligar al resto de las fuerzas políticas a gobernar juntas.
Por eso una elección en un estado de apenas dos millones de habitantes está siendo observada desde toda Europa.
La pregunta ya no es si AfD puede ganar elecciones. Ya las está ganando. La pregunta es cuánto tiempo podrá Alemania impedir que esas victorias se conviertan también en gobiernos.

