Gerardo Díaz y Ulises Serrano, conocidos artísticamente como Tamborín y Tony Pecas, recuperaron su libertad el pasado 10 de septiembre después de pasar más de siete años en prisión por un caso relacionado con la presunta privación de la libertad de una niña de siete años en Nezahualcóyotl, Estado de México.
Los dos hombres fueron detenidos en mayo de 2019 y permanecieron encarcelados durante el proceso. En agosto de 2022 recibieron una sentencia de 17 años y seis meses de prisión, que posteriormente fue reducida en apelación a 13 años y nueve meses.
Años después, una nueva defensa revisó el expediente y cuestionó las identificaciones de los acusados, contradicciones entre testimonios y la manera en que habían sido valoradas distintas pruebas. El caso llegó finalmente a un tribunal federal, que consideró que existía duda razonable suficiente para que la condena no pudiera mantenerse.
¿Quiénes son Tamborín y Tony Pecas?
Antes de ser detenidos, Gerardo y Ulises trabajaban realizando espectáculos como payasos y animadores.
Gerardo, conocido como Tamborín, llevaba años dedicándose al oficio. Ulises, Tony Pecas, había comenzado realizando presentaciones con botargas y posteriormente se incorporó al trabajo como payaso.
Juntos realizaban presentaciones en fiestas y otros eventos en el Valle de México. También llegaron a ofrecer espectáculos en el transporte público como parte de sus actividades para obtener ingresos.
Aquella noche de mayo de 2019 habían sido contratados para trabajar en una fiesta para adultos en la colonia Las Palmas, en Nezahualcóyotl.
La noche que cambió su vida
De acuerdo con la reconstrucción del caso difundida posteriormente por Gerardo y Ulises, los dos llegaron caracterizados al lugar donde realizarían su presentación.
Antes de comenzar descubrieron que les faltaban unas calcetas utilizadas como parte de la caracterización de Ulises, por lo que salieron nuevamente.
Según su versión, durante ese recorrido comenzaron a sentirse perseguidos por algunos hombres y pensaron que podrían intentar asaltarlos. Los payasos sostuvieron que buscaron ayuda mientras varias personas comenzaron a señalarlos y a acusarlos de ser hombres que se robaban a los niños.
La situación terminó con la llegada de policías.
Gerardo y Ulises aseguraron posteriormente que tenían consigo el contrato del espectáculo para demostrar por qué se encontraban en la zona y caracterizados como payasos.
Sin embargo, fueron detenidos.
¿De qué los acusaron?
La acusación sostenía que Gerardo y Ulises habían intentado privar de la libertad a una niña de aproximadamente siete años.
Según la versión presentada en su contra, habrían subido a la menor a una motoneta y avanzado algunos metros con ella.
El caso fue difundido inicialmente en medios como un presunto intento de secuestro. Jurídicamente, el proceso estuvo relacionado con el delito de privación ilegal de la libertad.
Desde el comienzo, ambos negaron haber cometido el delito.
El tercer payaso
Uno de los elementos que posteriormente llamó la atención de quienes revisaron el expediente fue que aquella noche no solamente fueron detenidos Gerardo y Ulises.
Las autoridades también detuvieron a otro hombre caracterizado como payaso.
Gerardo y Ulises aseguraron que no lo conocían.
El tercer hombre finalmente quedó fuera del proceso, pero su detención se convirtió posteriormente en uno de los elementos utilizados por la defensa para cuestionar la manera en la que se buscó e identificó inicialmente a los sospechosos.
La pregunta que plantearon quienes retomaron el caso años después era si las personas habían identificado específicamente a Gerardo y Ulises o si la búsqueda había terminado concentrándose en hombres que coincidían con una descripción general: personas vestidas de payaso.
Videos, testimonios y un contrato de trabajo
Durante los siguientes años, sus familiares comenzaron a reunir elementos para tratar de reconstruir lo ocurrido aquella noche.
Entre ellos aparecieron grabaciones de cámaras privadas, el contrato del espectáculo para el que Gerardo y Ulises habían sido contratados y datos de la persona que había solicitado sus servicios.
De acuerdo con la reconstrucción de Penitencia MX, algunos de los videos fueron posteriormente sometidos a revisión pericial y no presentaban indicios de haber sido alterados.
La defensa sostuvo que las grabaciones ayudaban a reconstruir parte de los movimientos de los acusados y respaldaban su versión de que habían estado buscando ayuda.
El contrato, por sí mismo, no demostraba que no hubiera ocurrido un delito, pero sí acreditaba una parte importante de su historia: había una razón verificable para que ambos estuvieran caracterizados como payasos en esa zona aquella noche.
Las dudas sobre las identificaciones
Uno de los aspectos más importantes de la revisión posterior del caso estuvo relacionado con la manera en la que los dos hombres fueron identificados.
La defensa cuestionó diversos testimonios e identificaciones utilizados durante el proceso.
Entre los puntos difundidos posteriormente se encuentra el testimonio de una persona que habría reconocido a los acusados desde una distancia aproximada de 250 metros y durante la noche, así como contradicciones entre distintas declaraciones.
La revisión del expediente también puso bajo cuestionamiento reconocimientos realizados después de que las personas involucradas hubieran tenido acceso previo a fotografías de los acusados.
Saskia Niño de Rivera, quien participó posteriormente en el caso a través de Proyecto Inocencia, sostuvo tras la liberación que esos reconocimientos habían quedado contaminados y que existían contradicciones relevantes entre las declaraciones utilizadas para sostener la acusación.
La motoneta también fue cuestionada
Otro de los elementos utilizados por la defensa estuvo relacionado con la motoneta en la que supuestamente habría sido trasladada la menor.
La reconstrucción presentada en el proceso fue sometida posteriormente a peritajes y cuestionamientos técnicos por parte de la defensa, que argumentó que las características del vehículo no coincidían adecuadamente con algunos aspectos del relato de la acusación.
Este punto se volvió uno de los elementos más difundidos públicamente después de que el caso adquiriera notoriedad.
Sin embargo, la motoneta no fue por sí sola la prueba que permitió su liberación. Formó parte de un conjunto más amplio de cuestionamientos sobre cómo habrían ocurrido los hechos, quiénes los observaron y qué tan confiables eran las identificaciones utilizadas para responsabilizar a Gerardo y Ulises.
Una condena de 17 años y seis meses
A pesar de los cuestionamientos de la defensa, el proceso continuó.
El 12 de agosto de 2022, después de haber pasado ya más de tres años privados de la libertad, Gerardo y Ulises recibieron una sentencia de 17 años y seis meses de prisión.
Posteriormente apelaron.
La pena fue modificada y quedó finalmente en 13 años y nueve meses de prisión.
La diferencia entre ambas sentencias explica por qué algunas publicaciones sobre el caso hablan de una condena de 17 años y otras de 13: la primera corresponde a la sentencia inicial y la segunda al resultado de la apelación.
El caso llega a Penitencia
Años después de la detención, el caso comenzó a obtener mucha mayor atención pública.
En mayo de 2024, Penitencia, proyecto encabezado por Saskia Niño de Rivera, difundió una entrevista con Gerardo y Ulises desde prisión.
El episodio permitió que su historia fuera conocida por una audiencia mucho mayor y que las inconsistencias señaladas por sus familiares y defensa comenzaran a ser revisadas públicamente.
El 22 de mayo de 2024, familiares, compañeros y otros payasos realizaron además una protesta frente al penal Neza-Bordo para exigir la revisión del caso.
Proyecto Inocencia retoma el expediente
Posteriormente el expediente fue retomado por Proyecto Inocencia, una iniciativa impulsada por Penitencia y La Cana para revisar casos de personas que sostienen haber sido encarceladas injustamente.
En el nuevo equipo jurídico participó también el abogado José Mario de la Garza, vinculado con la organización Perteneces.
La nueva defensa revisó nuevamente testimonios, videos, peritajes, reconocimientos y distintos elementos del expediente y llevó el asunto a la justicia federal.
En abril de 2026, el caso se encontraba en manos del Primer Tribunal Colegiado del Segundo Circuito, con residencia en Nezahualcóyotl.
El tribunal federal y la duda razonable
El proyecto que terminó permitiendo la libertad de los dos hombres fue elaborado por el magistrado federal José Alberto González Aguilar y posteriormente respaldado por los integrantes del tribunal.
La resolución fue aprobada por unanimidad.
De acuerdo con la información publicada sobre el fallo, el tribunal concluyó que existía duda razonable respecto de los elementos que habían servido para atribuirles el delito y que la condena no podía mantenerse en esas condiciones.
Esto representa una diferencia importante.
La resolución no significa necesariamente que judicialmente se haya establecido que nunca ocurrió un intento de privación de la libertad o que las personas que denunciaron hayan inventado deliberadamente los hechos.
Lo que determinó la revisión judicial fue que las pruebas existentes no permitían sostener válidamente la culpabilidad de Gerardo y Ulises bajo el estándar exigido para una condena penal.
Después de más de siete años, volvieron a casa
La noche del 10 de septiembre de 2026, las puertas del penal Neza-Bordo se abrieron.
Gerardo Díaz y Ulises Serrano salieron del centro penitenciario después de haber permanecido privados de la libertad desde mayo de 2019.
Afuera los esperaban familiares, amigos, compañeros y personas que habían acompañado la batalla jurídica por su liberación.
Habían pasado más de siete años en prisión.
¿Qué deja el caso de Tamborín y Tony Pecas?
La historia de Tamborín y Tony Pecas no puede reducirse únicamente a que dos hombres fueron acusados de un delito y años después salieron de prisión.
El expediente pasó por una investigación, una sentencia condenatoria de 17 años y seis meses, una apelación que redujo la pena y, finalmente, una nueva revisión jurídica que cuestionó la solidez de elementos fundamentales utilizados para responsabilizarlos.
Las identificaciones de los acusados, las contradicciones entre testimonios, la existencia de un tercer hombre detenido por estar caracterizado como payaso, las grabaciones obtenidas por sus familiares, el contrato que acreditaba el espectáculo para el que habían sido contratados y los cuestionamientos a la reconstrucción de los hechos formaron parte de una historia que tardó años en llegar nuevamente ante un tribunal.
El 10 de septiembre esa revisión terminó con Gerardo y Ulises fuera de prisión.
Sin embargo, los más de siete años que pasaron encarcelados ya no pueden devolverse.

