El fútbol y la política, te guste o no, siempre han estado relacionados. Por eso aquí está el capítulo 2 de la serie, FutPol.
Si Mussolini inventó el manual del fútbol como propaganda de régimen, Hitler lo tomó y lo llevó a una escala que Italia nunca tuvo. En Italia el fútbol fue vitrina de eficiencia y grandeza nacional. En Alemania se convirtió además en herramienta de una ideología racial explícita y en engranaje de persecución. Es el sportswashing en su versión más total.
El régimen se apodera del fútbol
Hitler y el Partido Nazi llegaron al poder en 1933. Desde ahí, toda la vida alemana quedó sujeta a la Gleichschaltung, la sincronización forzosa mediante la cual el régimen puso bajo su control todas las instituciones del país. El deporte no fue excepción, y el fútbol se adaptó rápido, incluso con entusiasmo.
El cambio fue estructural, no simbólico. Antes de 1933 el fútbol alemán estaba muy fragmentado, con cerca de 70 ligas locales y casi 700 clubes de máxima categoría. El régimen barrió con todo y creó las Gauligen, dieciséis ligas regionales que correspondían a las nuevas regiones administrativas del país. La geografía del fútbol se calcó de la geografía del poder. Al frente quedó un Líder Deportivo del Reich, Hans von Tschammer und Osten, bajo cuyo mando incluso la Federación Alemana de Fútbol perdió su independencia. La copa nacional creada en 1935 se bautizó Tschammerpokal, en su honor.
Y hubo una dimensión mucho más oscura. Desde el primer momento, clubes y federaciones participaron en la purga de judíos que ordenó el régimen. Los clubes judíos fueron expulsados de las competiciones nacionales en 1933 y, a partir de 1938, prohibidos por completo. Dos nombres ponen rostro a esto. Julius Hirsch, figura de la selección alemana antes de la Primera Guerra Mundial y uno de los dos únicos judíos que jamás la integraron, fue deportado a Auschwitz en 1943 y no sobrevivió. Kurt Landauer, presidente judío del Bayern de Múnich, fue enviado a Dachau tras la Noche de los Cristales Rotos y logró emigrar a Suiza; solo uno de sus familiares sobrevivió al Holocausto.
El único partido de Hitler
Y aquí está una de las grandes ironías de la historia: Hitler solo asistió a un partido de fútbol en toda su vida. Desconfiaba del deporte, lo consideraba demasiado impredecible y sus multitudes demasiado difíciles de controlar.
Lo convencieron aprovechando el envión de los Juegos de Berlín 1936. Alemania venía de golear 9-0 a Luxemburgo, así que persuadieron a Hitler de asistir al siguiente partido, contra Noruega, para disfrutar de una victoria segura. Acudió con toda la cúpula nazi, Goebbels, Göring y Hess. No salió como esperaban. Ante 55 mil espectadores, Noruega se adelantó temprano con un gol de Magnar Isaksen y, en el minuto 84, el mismo Isaksen marcó el segundo. Un Hitler con el rostro enrojecido salió furioso de su amado estadio olímpico. Detrás iba Goebbels, que anotó en su diario que el Führer estaba muy alterado y que él mismo apenas podía contenerse. Alemania quedó eliminada; Noruega se llevó luego el bronce. El escaparate perfecto se convirtió en una humillación en vivo ante la cúpula del régimen.
El fútbol como arma diplomática: los saludos nazis
El régimen también usó los partidos internacionales como instrumento de legitimación, y ahí aparece una de las imágenes más incómodas del fútbol inglés. El 14 de mayo de 1938, en el estadio Olímpico de Berlín y ante 110 mil espectadores, Inglaterra enfrentó a Alemania apenas dos meses después de que Hitler anexara Austria. Gran Bretaña aplicaba su política de appeasement, evitar el conflicto con Hitler a toda costa.
Antes del pitido inicial, a los jugadores ingleses se les ordenó hacer el saludo nazi durante el himno alemán. Y aquí está el detalle que importa: se negaron primero. El vestuario estalló. Según el relato de Stanley Matthews, todos estaban furiosos y en contra. Cedieron solo por presión política directa: el embajador británico intercedió y les aseguró que el saludo no implicaba respaldar al régimen. Hubo, eso sí, una excepción. Stan Cullis, del Wolverhampton, fue el único que se negó a hacerlo, y quedó fuera del equipo por ello. El desenlace tiene su ironía: pese a toda la parafernalia propagandística, Inglaterra ganó el partido 6-3. El escaparate volvió a fallarle al régimen en el marcador.
Lo que se ha dicho de los clubes alemanes
Casi un siglo después, la relación de cada club con el régimen sigue siendo materia de discusión, y ahí conviene separar lo que se dice de lo que ha establecido la investigación.
Del Schalke 04 se dice que fue el club de Hitler, y la acusación lo ha perseguido por décadas porque fue hexacampeón alemán durante el Tercer Reich. El club encargó un estudio en 2004 para responder a esa leyenda. La investigación histórica más completa sobre el tema, del historiador Nils Havemann, llegó a una conclusión más incómoda que cualquiera de los extremos: el Schalke no fue premiado por servir al régimen, sino instrumentalizado por su éxito. Su origen como club obrero, un grupo de amigos que trabajaban en una mina de carbón, servía como manifestación perfecta de la comunidad del pueblo que Hitler predicaba. La frase que resume el veredicto es que eso no fue buscado por el Schalke, pero tampoco se opusieron. Ni resistencia ni complicidad activa.
Del Bayern de Múnich se dice lo contrario, que fue un club de resistencia y hasta un club judío. La leyenda se apoya en hechos reales: tuvo un presidente judío, Landauer, y sus jugadores se acercaron a saludarlo públicamente durante un partido en Suiza cuando ya estaba en el exilio, un gesto que la Gestapo advirtió que tendría consecuencias. Pero la investigación académica desmontó el relato heroico. Ya en 1933 el Bayern había cofirmado una declaración que excluía a los judíos y, sin coerción alguna, añadió un párrafo ario a sus estatutos en 1935. El propio club terminó reconociendo que había tergiversado su pasado y que, como otros, apoyó ampliamente al régimen y sus políticas discriminatorias.
Otros nombres completan el panorama. Havemann identifica al Werder Bremen, al VfB Stuttgart y al 1860 Múnich como clubes que sí apoyaron activamente a Hitler desde el principio y se beneficiaron financieramente a cambio. Y el Borussia Dortmund muestra hasta dónde llegó el giro: hasta 1933 era un club lleno de socialistas y comunistas, cuyo presidente y varios jugadores fueron apartados por la injerencia nazi; para 1939, el 80 por ciento de sus jugadores eran soldados de las tropas de choque del régimen. La verdad incómoda es que casi todo el fútbol alemán se acomodó, unos con entusiasmo y otros con silencio, y varios relatos heroicos se construyeron después.
El control total es una ilusión
El resto de la historia confirma el patrón. Tras anexar Austria en 1938, el régimen absorbió su fútbol y disolvió al temido Wunderteam austriaco, con la idea de que un equipo unificado sería imbatible. Fue lo contrario: desarticulado y mal preparado, quedó eliminado en primera ronda del Mundial de Francia 1938. La propia lógica nazi, que llegó a militarizar el estilo de juego bajo la idea del Kampf, la lucha, terminó destruyendo la excelencia futbolística que pretendía exhibir.
Queda la pregunta de fondo. Cuando un régimen intenta apoderarse por completo de un deporte, su estructura, sus clubes, sus jugadores y hasta su estilo, ¿de verdad logra controlarlo, o el deporte siempre encuentra la forma de escapársele? La respuesta nazi sugiere que el control total es una ilusión: puedes reorganizar la liga y forzar los saludos, pero no puedes ordenarle al balón que entre.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Hitler utilizó el fútbol como propaganda?
Sí. El régimen nazi reorganizó el fútbol alemán, lo puso bajo control estatal y lo empleó para proyectar la imagen del Tercer Reich y difundir su ideología.
¿Hitler asistía a partidos de fútbol?
Muy rara vez. La mayoría de los historiadores coincide en que solo acudió a un partido oficial: Alemania contra Noruega en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, donde la selección alemana perdió 2-0.
¿El Schalke 04 fue el club de Hitler?
No existe evidencia de que fuera “el club de Hitler”. La investigación histórica concluye que el régimen aprovechó sus éxitos deportivos con fines propagandísticos, pero no que recibiera un trato preferencial por ello.
¿El Bayern Múnich fue un club de resistencia?
La historia es más compleja. Aunque tuvo dirigentes judíos como Kurt Landauer y algunos gestos de apoyo hacia él, investigaciones posteriores muestran que el club también adoptó medidas antijudías y se adaptó al régimen nazi.

