Este domingo 21 de junio, más de 41 millones de colombianos están convocados a las urnas para elegir al sucesor de Gustavo Petro en una segunda vuelta presidencial reñida y polarizada. La elección enfrenta dos proyectos antagónicos: el de la continuidad de la izquierda y el de un giro a la derecha. Pero su relevancia trasciende las fronteras colombianas. Lo que se decide hoy es también una pieza en el reacomodo ideológico de toda América Latina.
Los dos candidatos
De un lado está Abelardo de la Espriella, un abogado y empresario outsider que nunca se había medido en las urnas y se convirtió en la sorpresa de la primera vuelta. Se apoda El Tigre, dice que irá contra los narcoterroristas y que construirá megacárceles como las del presidente salvadoreño Nayib Bukele. Ciudadano colombo-estadounidense, recibió el respaldo explícito de Donald Trump. Defiende el porte de armas, la explotación de petróleo con fracking, recortar el Estado y ha dicho que lo ideal sería dolarizar la economía.
Del otro lado está Iván Cepeda, filósofo y exmiembro de las bases del Partido Comunista en su juventud, que promete profundizar la agenda del presidente Petro, su aliado político, incluyendo las reformas sociales y dejando la puerta abierta a continuar los diálogos de paz con los grupos armados. Cepeda recoge el apoyo de los sectores favorecidos por la reducción de la pobreza y el aumento del salario mínimo en uno de los países más desiguales del mundo.
Las encuestas previas daban una ligera ventaja a De la Espriella, aunque dentro del margen de error.
La sombra del fraude que se desinfló
La campaña de segunda vuelta estuvo marcada por denuncias mutuas de compra de votos y un señalamiento de presunto fraude. Tras la primera vuelta, Petro desconoció los resultados del conteo preliminar, argumentando que se habían agregado de forma irregular cientos de miles de votantes al censo. La controversia llegó incluso a México, donde la presidenta Claudia Sheinbaum pidió que se analizara la denuncia hasta sus últimas consecuencias.
Sin embargo, el desenlace matizó esa versión. Tras concluir el conteo oficial, la Registraduría confirmó que las reclamaciones no superaron el 0.7 por ciento de las mesas escrutadas. Iván Cepeda reconoció explícitamente los resultados ocho días después de la primera vuelta, pero el presidente Petro nunca se pronunció al respecto. Una auditoría internacional concluyó que no hubo manipulación ni irregularidades. Es decir, el propio candidato de izquierda terminó aceptando los números que su aliado presidencial seguía cuestionando.
El verdadero significado: el tablero regional
Aquí está lo que hace de esta elección algo más que un asunto interno colombiano. Entre 2018 y 2022, América Latina vivió una marea de triunfos de izquierda. López Obrador en México, Petro en Colombia, Lula en Brasil, Boric en Chile, Castillo en Perú, Castro en Honduras, Arévalo en Guatemala. Parecía un ciclo progresista regional.
Ese ciclo se ha venido revirtiendo. El progresismo perdió en cascada en Argentina con Milei, en Ecuador con Noboa, en El Salvador con Bukele, y el año pasado cayeron bastiones como Chile y Bolivia. Los analistas hablan de una derechización de la región. Colombia y Perú son las siguientes fichas en la mesa. En Perú, Keiko Fujimori, que representa la implementación de políticas neoliberales, llega con ventaja a su propia elección. Si ambos países confirman el giro, el mapa ideológico latinoamericano se inclina decididamente hacia la derecha.
No es casual que las reacciones a la primera vuelta hayan sido internacionales. El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, felicitó a De la Espriella por una gran victoria. Y desde Argentina, Javier Milei celebró el resultado, calificándolo como una voluntad de decirle basta al modelo socialista en la región.
El bloque que se juega su peso
Hay una arista geopolítica que pocos dimensionan. México, Brasil y Colombia gobiernan juntos a más de la mitad de la población de América Latina, alrededor de 400 millones de los cerca de 670 millones de habitantes de la región. Los tres formaron una plataforma estratégica liderada por Sheinbaum, Lula y Petro, que entre otras cosas respalda la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU.
Si Colombia cambia de signo, ese bloque pierde una de sus tres patas. Y la siguiente prueba llega pronto: Brasil vota en octubre, con Lula enfrentando a un Bolsonaro. Colombia funciona, en ese sentido, como un ensayo de lo que podría venir. El propio Cepeda fue recibido por Sheinbaum en México en abril, una señal de la cercanía entre el proyecto colombiano de izquierda y el mexicano.
El factor Trump
Estados Unidos no es un espectador neutral. Colombia ha sido históricamente su socio más cercano en Sudamérica, con millones de dólares transferidos a sus fuerzas armadas e inteligencia. Pero la relación se deterioró con Petro. Trump emitió un comunicado felicitando y respaldando a De la Espriella, afirmando que esta elección es una batalla entre la ley y el orden y el marxismo del siglo XXI. A Cepeda lo ha llamado marxista radical, y este ha respondido que el país no será su colonia. De la Espriella, por su parte, ha dicho que buscará el respaldo de Trump para atacar a la guerrilla con bombardeos y fumigaciones de narcocultivos en el mayor productor mundial de cocaína.
Lo que está en juego
La elección de hoy define mucho más que el nombre del próximo presidente colombiano. Define si el proceso de paz con las guerrillas continúa o se sustituye por una estrategia de mano dura. Define la relación de Colombia con Washington. Y define, en el tablero más amplio, si la marea que llevó a la izquierda al poder en la región sigue retrocediendo o encuentra un freno.
Los resultados se esperan pocas horas después del cierre de las urnas. Y serán leídos con atención no solo en Bogotá, sino en Ciudad de México, en Brasilia y en Washington.

