El Chernóbil Mexicano: La Tragedia del Cobalto-60 en Ciudad Juárez
El 6 de diciembre de 1983, Ciudad Juárez se vio envuelta en un desastre que marcaría la historia de México: un accidente radiológico que, por su gravedad, es conocido como el ‘Chernóbil mexicano’. La negligencia de un médico y el desconocimiento de un técnico desencadenaron una cadena de contaminación que afectó a miles de personas.
Un Hospital Descuidado y una Máquina de Radioterapia
En un rincón olvidado del Centro Médico de Especialidades de Ciudad Juárez, había una máquina de radioterapia Picker C-3000 que contenía una fuente de Cobalto-60. Esta máquina, adquirida en 1977 por el médico Abelardo Lemus sin los permisos necesarios, permaneció sin usar y olvidada durante seis años.
- Sin notificación: El Instituto Nacional de Energía Nuclear (INEN) nunca fue notificado sobre esta adquisición ni autorizó su uso.
- Transporte ilegal: Para ahorrarse costos, Lemus trasladó la máquina en su auto, obviando las regulaciones de seguridad.
Primeros Pasos Hacia el Desastre
En enero de 1984, Vicente Sotelo, técnico del hospital, y su amigo Ricardo Hernández decidieron vender la máquina como chatarra, siguiendo instrucciones del propio Lemus. Sin embargo, el médico negó su implicación y acusó a Sotelo de robo.
La Dispersión del Cobalto-60
La noche del 6 de diciembre, Sotelo y Hernández extrajeron la fuente radiactiva. Sin conciencia del peligro, perforaron su encapsulamiento, lo que permitió la dispersión del Cobalto-60.
Consecuencias Inmediatas
La camioneta pick-up utilizada para transportar la fuente se convirtió en un foco de contaminación. Estuvo estacionada durante 40 días en una colonia de Ciudad Juárez, donde niños y adultos jugaron alrededor, expuestos a radiación sin saberlo.
- Manipulación peligrosa: En el Yonke Fénix, los trabajadores manipularon el material radiactivo sin ninguna protección, con consecuencias fatales, como la muerte de Antonio Fabela, un joven que falleció tras sufrir graves efectos de la radiación.
Un Escándalo Internacional
El desastre se reveló al mundo el 16 de enero de 1984, cuando un camión cargado con varilla contaminada pasó cerca del Laboratorio Nacional de Los Álamos, activando los detectores de radiación. Al poco tiempo, las autoridades de ambos lados de la frontera buscaban contener el desastre.
Magnitud del Problema
Se estimó que alrededor de 6,000 toneladas de varilla contaminada estaban en circulación, exponiendo a aproximadamente 4,000 personas a la radiación.
La Respuesta y las Repercusiones
Las investigaciones confirmaron que la contaminación se había extendido no solo en Ciudad Juárez, sino también a varios estados de Estados Unidos y México. Las casas construidas con el material contaminado fueron demolidas, y se llevaron a cabo esfuerzos de descontaminación.
La Creación de Un Cementerio Radiactivo
En respuesta a la crisis, se estableció un sitio de depósito de residuos radiactivos en La Piedrera, Chihuahua, donde se acabó confinado el material contaminado.
Efectos en la Salud y el Informe Final
Las secuelas del desastre fueron devastadoras. Muchos trabajadores del yonke y de las fundiciones empezaron a presentar síntomas graves:
- Síntomas comunes: Dolores de cabeza, diarrea, caída de cabello y manchas en la piel.
- Efectos irreversibles: Se registraron casos de cáncer y esterilidad, afectando la vida de las personas involucradas.
El expediente del cobalto-60 se mantuvo en secreto por años, dejando a la población en la incertidumbre. Aunque la magnitud del desastre no se compara con el de Chernobyl, sus consecuencias han sido igualmente profundas para aquellos que vivieron esta tragedia.
Reflexiones Finales
A más de cuatro décadas del accidente, el paradero de Vicente Sotelo sigue siendo un misterio. Su historia es un recordatorio del grave costo de la negligencia y la falta de regulación en el manejo de materiales radiactivos.
Enlaces de interés
La tragedia de Ciudad Juárez sigue resonando, no solo como un hecho histórico, sino como un llamado a mejorar la seguridad y la educación en el manejo de materiales peligrosos.

