Durante los últimos años, las redes sociales convirtieron en aspiracional una imagen muy específica de la vida doméstica: vestidos modestos, comida hecha desde cero, familias numerosas, un esposo proveedor y una mujer dedicada principalmente al hogar y a la crianza.
Internet popularizó para ese ideal la etiqueta tradwife, abreviación de “traditional wife” o “esposa tradicional”. Sin embargo, alrededor de esa tendencia empieza a aparecer otro fenómeno: mujeres que durante años defendieron ese modelo y que ahora producen contenido sobre cómo salieron de él.
Uno de los casos más notorios es el de Bernadine Bluntly, documentado recientemente por The New York Times. Bluntly construyó una audiencia defendiendo roles tradicionales de género, convirtió esa visión de la familia en parte central de su identidad pública y llegó incluso a pronunciarse contra el sufragio femenino en un evento político. Hoy está divorciada y se presenta como una ex-tradwife.
De tradwife a ex-tradwife: el caso de Bernadine Bluntly
En 2017, cuando ya tenía dos hijos, Bluntly leyó “Lies Women Believe”, un libro asociado con la llamada “feminidad bíblica”. Según contó al NYT, a partir de esas ideas llegó a convencerse de que los problemas dentro de un matrimonio eran responsabilidad de la mujer.
Comenzó publicando videos sobre su familia y después incorporó contenido político. Su primera publicación en despegar fue en apoyo a la nominación de Brett Kavanaugh a la Corte Suprema de Estados Unidos. Para 2019 ya era identificada públicamente como tradwife y ese año participó en un evento de derecha en Miami, donde habló contra el derecho de las mujeres al voto.
En 2024, una serie de videos en los que se burlaba de una perspectiva feminista sobre los roles de género y el trabajo acumuló alrededor de 20 millones de reproducciones. Según el NYT, actualmente tiene unos 141 mil suscriptores en YouTube.
El divorcio que cambió su narrativa
Según contó, en privado ya dudaba de su matrimonio. En mayo de 2025, dice, llamó a la policía desde una oficina ubicada detrás de su casa y solicitó una orden de protección contra su esposo. Bluntly afirmó que no se le permitía caminar sola por el camino de grava que conectaba su propiedad con la carretera.
Un tribunal de Misuri concluyó que había acreditado acusaciones de violencia doméstica y ordenó a su esposo mantenerse a una distancia mínima de 300 pies, unos 90 metros. En un documento judicial, él negó haber cometido “cualquier acto o patrón de violencia doméstica”.
El divorcio concluyó durante la primavera de 2026. Bluntly comparte actualmente la custodia física de sus seis hijos, de entre uno y 14 años.
En abril publicó un video titulado “What I Got Wrong About the Trad Movement”, o “En qué me equivoqué sobre el movimiento trad”. Desde entonces ha comenzado a producir contenido desde una nueva identidad: la de una mujer que formó parte del fenómeno y que ahora cuestiona algunas de las ideas que antes defendía.
El auge de las “ex-tradwives”
Bluntly no es la única.
Según el reportaje del NYT, existe ya un grupo de creadoras que producen contenido alrededor de su experiencia después de dejar comunidades o estilos de vida vinculados con los valores asociados al fenómeno tradwife.
Jennie Gage, con 391 mil seguidores en TikTok, analiza publicaciones de figuras como Hannah Neeleman y Nara Smith. Alice Llani, con 855 mil seguidores, publica videos de humor sobre su regreso al mercado laboral después de pasar años sin empleo. Enitza Templeton, con 247 mil seguidores, se define directamente como “ex-tradwife” y “actual baddie”.
Estos casos no permiten concluir que exista una salida masiva del movimiento tradwife ni que la tendencia esté desapareciendo. Sí muestran, sin embargo, la aparición de una nueva categoría de contenido: dejar de ser tradwife también puede convertirse en una identidad digital capaz de generar audiencia.
Nara Smith y Hannah Neeleman toman distancia de la etiqueta
Al mismo tiempo, algunas de las figuras más conocidas asociadas con el fenómeno han tomado distancia de la etiqueta.
Nara Smith, cocinera casera conocida por sus voces en off susurradas y su estética hiperfemenina, dijo en el pódcast “Call Her Daddy”, según el NYT, que su matrimonio es igualitario y negó que la palabra tradwife la hubiera descrito alguna vez.
Otra de las figuras centrales es Hannah Neeleman, creadora de Ballerina Farm, madre de nueve hijos y empresaria, con más de 10 millones de seguidores en Instagram. Según el NYT, Neeleman dijo a la revista New York que, si algo de lo que comparte hace daño a las mujeres, está dispuesta a aceptar esas críticas.
El reportaje no indica que ninguna de las dos haya abandonado el tipo de contenido que las hizo famosas.
La contradicción económica detrás del fenómeno tradwife
Existe además una contradicción económica en el corazón de esta tendencia. El ideal tradwife suele presentar al hombre como proveedor y a la mujer como responsable del hogar, pero algunas de las creadoras asociadas con ese modelo han construido grandes audiencias, marcas y negocios alrededor de su vida doméstica.
La propia Bluntly aseguró que sus ingresos en internet promediaban alrededor de 2 mil 500 dólares mensuales y ayudaban a cubrir las necesidades de su familia.
La escritora Caro Claire Burke, autora de la novela satírica “Yesteryear”, planteó en una entrevista con la BBC una paradoja similar: algunas mujeres proyectan públicamente una imagen de sumisión mientras, en la práctica, sostienen económicamente a sus familias y manejan negocios digitales de gran tamaño. Es su lectura, hecha desde el terreno de la ficción.
Su novela, centrada precisamente en una influencer tradwife, se convirtió en un éxito editorial en Estados Unidos y Reino Unido. Anne Hathaway adquirió los derechos para producir y protagonizar una adaptación cinematográfica.
De TikTok a libros, cine y cultura popular
El fenómeno ha trascendido así las redes sociales y se ha convertido también en objeto de libros, análisis académicos y cultura popular.
Según la BBC, este año ya se han publicado en inglés tres libros con “Trad Wife” o “Tradwife” en el título.
La popularidad de estas historias muestra que el fenómeno ya no se limita a TikTok o Instagram, sino que se ha convertido en una referencia cultural utilizada para discutir maternidad, trabajo, relaciones de pareja y roles de género.
La dimensión política de las tradwives
La discusión tampoco es únicamente estética. Detrás de las recetas hechas desde cero, los vestidos, las familias numerosas y la vida doméstica existe una conversación más amplia sobre maternidad, religión, trabajo, género y familia.
La periodista Amanda Hess, en el NYT, enmarca el auge de esta estética junto a un gobierno pronatalista y un frente social reaccionario. Tia Levings, autora de “A Well-Trained Wife” y exintegrante de este tipo de comunidades, considera además que un eventual debilitamiento del fenómeno podría estar relacionado con la pérdida de fuerza del movimiento MAGA.
Por ahora, se trata de interpretaciones y no de una tendencia demostrada con datos.
Tampoco todas las creadoras asociadas con la etiqueta pertenecen al mismo universo ideológico. Bluntly producía contenido abiertamente político, mientras que otras figuras como Neeleman y Smith se hicieron famosas principalmente por publicaciones sobre hogar, cocina, familia y vida cotidiana.
¿Está terminando el fenómeno tradwife?
Por eso, hablar del “fin” del fenómeno todavía resulta prematuro.
Las fuentes disponibles no muestran una salida masiva del movimiento y sus figuras más visibles continúan reuniendo audiencias de millones de personas. Lo que sí parece estar cambiando es la conversación alrededor de él.
Algunas creadoras rechazan la etiqueta. Otras cuentan públicamente por qué abandonaron ese estilo de vida. Y comienza a formarse una audiencia interesada no solo en la imagen idealizada de la esposa tradicional, sino también en lo que ocurre cuando esa narrativa se rompe.
Bluntly resume parte de esa contradicción. Según contó al NYT, sin las redes sociales “no tendría nada”. Durante años, internet le permitió construir una marca defendiendo el movimiento tradwife. Ahora, la misma plataforma le permite construir otra alrededor de haberlo dejado.
Las tradwives no necesariamente están desapareciendo, pero el ecosistema digital ya encontró una nueva figura alrededor del fenómeno: la ex-tradwife.

