El 3 de noviembre, Estados Unidos renovará toda la Cámara de Representantes y parte del Senado. Donald Trump no compite, pero el resultado definirá cuánto margen tendrá durante los últimos dos años de su gobierno. Para México, también están en juego el T-MEC, los aranceles, la migración, las remesas y la seguridad.
El martes 3 de noviembre, Estados Unidos celebra elecciones intermedias. Donald Trump no estará en la boleta, pero buena parte del poder con el que gobernará hasta 2028 sí estará en juego. El resultado definirá cuánto margen conservará para avanzar su agenda, aprobar presupuestos, nombrar jueces y funcionarios y enfrentar investigaciones desde el Congreso.
Para México, la elección tampoco es ajena. De la composición del próximo Congreso dependerá parte del clima político alrededor del T-MEC, los aranceles, la política migratoria, las deportaciones, las remesas y la cooperación en seguridad. No todos esos temas dependen directamente de los legisladores, pero un Congreso favorable u opositor puede ampliar o reducir el margen con el que Trump tome decisiones.
Qué se elige el 3 de noviembre
Se llaman elecciones intermedias porque se celebran a la mitad del periodo presidencial. Este año se renuevan los 435 lugares de la Cámara de Representantes, 35 de los 100 escaños del Senado y 36 estados elegirán gobernador.
En la Cámara de Representantes se necesitan 218 lugares para tener mayoría. En el Senado, a los republicanos les bastan 50 senadores porque, en caso de empate, el vicepresidente puede emitir el voto decisivo; los demócratas necesitan 51. Actualmente, los republicanos controlan ambas cámaras y tienen una mayoría de 53 a 47 en el Senado.
Por qué una elección sin Trump puede cambiar su gobierno
Una forma sencilla de entender la importancia del Congreso es pensar que el presidente dirige buena parte de la agenda, pero el Legislativo controla muchas de las herramientas necesarias para ejecutarla. Aprueba el presupuesto, puede bloquear o modificar leyes, investigar al gobierno y, en el caso del Senado, confirmar jueces, embajadores y altos funcionarios.
Por eso una elección en la que Trump no compite personalmente puede modificar de manera profunda la segunda mitad de su mandato. Si pierde una o ambas cámaras, tendrá que negociar mucho más con la oposición; si conserva las dos, mantendrá un margen considerablemente mayor para avanzar sus prioridades.
Trump llega con la historia y las encuestas en contra
Las elecciones intermedias suelen ser difíciles para el partido que controla la Casa Blanca. En 22 elecciones de este tipo celebradas entre 1938 y 2022, el partido del presidente perdió lugares en la Cámara de Representantes en 20 ocasiones, con una pérdida promedio de 28 representantes y cuatro senadores.
Una derrota republicana, por tanto, no sería algo excepcional. El problema para Trump es que llega además con niveles bajos de aprobación y con el costo de vida convertido en una de las principales preocupaciones de los votantes.
Según Reuters/Ipsos, su aprobación se encuentra en 32%. La inflación en Estados Unidos subió a 3.7% en septiembre, cerca de uno de sus niveles más altos de los últimos tres años, mientras la gasolina cuesta alrededor de 40% más que antes del conflicto con Irán. El 78% de los encuestados considera además que las políticas del gobierno han provocado que los precios suban más rápido que los salarios.
El enojo electoral, en buena medida, pasa por el bolsillo.
El voto latino también se aleja de Trump
Otro cambio relevante aparece entre los votantes latinos. Trump obtuvo alrededor de 48% de ese voto en las elecciones presidenciales de 2024, según Pew Research Center, pero dos años después su aprobación entre latinos registrados ronda 24%.
El principal problema vuelve a ser económico. El costo de vida, la inflación y el poder adquisitivo aparecen entre las mayores preocupaciones de este grupo, al igual que entre el resto del electorado.
El dato importa porque el voto latino puede ser decisivo en varios estados competitivos y porque fue precisamente uno de los sectores donde Trump consiguió avances importantes durante la elección presidencial de 2024.
Los demócratas llegan con ventaja para recuperar la Cámara
Las encuestas muestran escenarios distintos para cada una de las dos cámaras. En la Cámara de Representantes, los demócratas aparecen claramente mejor posicionados: el promedio de cinco agregadores les da alrededor de 50.8% de apoyo frente a 42.5% de los republicanos.
Los mercados de predicción reflejan una ventaja todavía mayor. Polymarket, por ejemplo, daba a los demócratas alrededor de 92% de probabilidad de recuperar la Cámara.
Eso no significa que el resultado esté decidido. Las elecciones legislativas estadounidenses no se ganan sumando el voto nacional, sino distrito por distrito, y un número relativamente pequeño de contiendas competitivas puede terminar definiendo quién controla la mayoría.
El Senado es la batalla más cerrada
El panorama es mucho más competitivo en el Senado. Los mercados daban a los demócratas alrededor de 65% de probabilidad de obtener el control, pero la elección se decidirá estado por estado y varios enfrentamientos siguen abiertos.
Entre las contiendas más importantes están Maine, Carolina del Norte, Michigan, Georgia y Texas. También hay atención sobre estados tradicionalmente republicanos como Iowa, Kansas y Nebraska, donde las carreras se han vuelto más competitivas de lo habitual.
El Senado tiene una importancia especial para Trump porque ahí se confirman jueces federales, integrantes de la Suprema Corte, embajadores y numerosos altos funcionarios. Perder esa cámara limitaría considerablemente su capacidad para moldear las instituciones durante los últimos dos años de su gobierno.
La redistritación también puede decidir la Cámara
Uno de los factores menos visibles de estas elecciones es el rediseño de los distritos electorales. En 2025, Texas modificó su mapa a petición de Trump con el objetivo de crear hasta cinco distritos adicionales favorables a los republicanos.
California respondió con la Proposición 50, que puede permitir a los demócratas recuperar hasta cinco lugares adicionales, mientras otros estados gobernados por republicanos también modificaron sus mapas.
Esto significa que una parte de la batalla por el Congreso comenzó mucho antes de las campañas, a través de la manera en que fueron trazados los distritos. El otro gran factor será la participación, porque en las elecciones intermedias suele votar menos gente que en las presidenciales y la capacidad de cada partido para movilizar a su base puede resultar determinante.
Qué pasa si los demócratas ganan ambas cámaras
Ese sería el escenario más adverso para Trump. Una mayoría demócrata en la Cámara podría bloquear parte de su presupuesto, abrir investigaciones sobre su administración y frenar proyectos legislativos.
Si además pierde el Senado, también perdería buena parte del control sobre la confirmación de jueces y altos funcionarios. El presidente tendría que negociar prácticamente cada iniciativa importante con una oposición que tendría herramientas institucionales mucho más fuertes para frenarlo.
Políticamente, entraría en la fase conocida en Estados Unidos como lame duck o “pato cojo”: un presidente que sigue formalmente en el poder, pero cuya capacidad para imponer su agenda se reduce conforme se acerca el final de su mandato.
Qué pasa si el Congreso queda dividido
Un segundo escenario es que los demócratas recuperen la Cámara de Representantes, pero los republicanos conserven el Senado.
En ese caso, la Cámara podría investigar a la administración y bloquear presupuestos o iniciativas, mientras el Senado permitiría a Trump seguir confirmando jueces y funcionarios. El resultado probablemente sería una negociación constante entre la Casa Blanca y el Congreso, con mayores posibilidades de bloqueos presupuestales y cierres del gobierno.
Trump conservaría herramientas importantes, pero tendría mucho menos margen para aprobar legislación sin acuerdos con la oposición.
Qué pasa si los republicanos conservan ambas cámaras
Es el escenario menos probable según las encuestas y los mercados, pero todavía está sobre la mesa.
Si los republicanos mantienen ambas cámaras, Trump conservaría una posición política considerablemente más fuerte durante los últimos dos años de su presidencia y tendría mayor margen para impulsar su agenda en migración, seguridad fronteriza, impuestos, comercio y aranceles.
Eso tampoco significaría control absoluto. Las divisiones internas dentro del Partido Republicano seguirían siendo un límite y, como ha ocurrido durante esta legislatura, mayorías pequeñas pueden hacer muy difícil aprobar algunas iniciativas.
El resultado también importa fuera de Estados Unidos
El Congreso no dirige directamente la política exterior estadounidense, pero controla presupuesto, legislación y mecanismos de supervisión. Un Congreso opositor podría aumentar la presión sobre las decisiones de Trump en temas como Irán, los aranceles impuestos a aliados europeos y Canadá o la ayuda internacional.
También enviaría una señal al resto del mundo. Si Trump pierde ambas cámaras, aliados y adversarios sabrán que están tratando con un presidente con menos capacidad interna durante sus últimos dos años. Si conserva el Congreso, podrá proyectar la idea de que el trumpismo mantiene respaldo electoral incluso después de seis años dominando buena parte de la política estadounidense.
Para México, el primer frente es el T-MEC
Las elecciones también tienen consecuencias directas para México. El primer frente es el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá.
En la primera revisión conjunta, celebrada el 1 de julio, Estados Unidos no aceptó extender automáticamente el tratado por otros 16 años en su forma actual, mientras México y Canadá buscaban esa renovación. El T-MEC continúa vigente hasta 2036 y tendrá nuevas revisiones anuales en 2027, 2028 y 2029.
El Congreso estadounidense no negocia directamente el tratado, pero sí influye en el clima político alrededor del comercio, las exigencias hacia México y las posibilidades de modificar leyes relacionadas con la relación económica. Un Congreso adverso a Trump podría generar mayor contrapeso a algunas de sus posiciones comerciales, aunque eso no necesariamente significaría una postura más favorable hacia México.
Aranceles: el Congreso puede limitar, pero Trump conserva herramientas
El segundo frente son los aranceles. La Constitución estadounidense otorga al Congreso facultades sobre el comercio exterior, pero distintas leyes aprobadas durante décadas también han delegado poderes importantes al presidente.
Por eso, cambiar el control del Congreso no significa automáticamente que desaparezcan o aumenten determinados aranceles. Una mayoría demócrata podría incrementar la supervisión sobre las medidas comerciales de Trump e intentar limitar algunas de ellas, mientras un Congreso republicano tendría mayores incentivos para respaldar la estrategia de la Casa Blanca.
En cualquiera de los dos escenarios, el presidente conservaría herramientas importantes para actuar.
Migración y deportaciones también dependen del presupuesto
El tercer frente es la política migratoria. Buena parte de la capacidad del gobierno para detener, deportar y vigilar la frontera depende del dinero aprobado por el Congreso.
Una mayoría demócrata podría condicionar o reducir algunos recursos destinados a detención y operaciones migratorias, aunque eso no significaría que las deportaciones terminarían automáticamente porque la Casa Blanca conserva amplias facultades ejecutivas en esta materia.
Para México, el impacto se sentiría especialmente en las ciudades fronterizas que reciben a personas deportadas y en la presión sobre los gobiernos locales para atenderlas.
Remesas y seguridad seguirán en la agenda bilateral
El cuarto frente son las remesas. Entre enero y agosto llegaron a México 41 mil 802 millones de dólares desde el exterior, 2.2% más que durante el mismo periodo de 2025, según el Banco de México.
Cualquier endurecimiento importante de la política migratoria o nuevos impuestos sobre los envíos podría afectar directamente a millones de hogares mexicanos.
El quinto tema es la seguridad. El tráfico de fentanilo, el flujo de armas desde Estados Unidos hacia México y la estrategia contra los cárteles seguirán formando parte de la relación bilateral independientemente de quién gane el Congreso. La diferencia estará en qué tan amplio sea el margen de Trump para impulsar su propia estrategia sin negociar con la oposición.
Una victoria demócrata tampoco garantiza buenas noticias para México
Hay un matiz importante: que los demócratas ganen una o ambas cámaras no significa automáticamente una relación más sencilla con México.
El analista Yussef Núñez ha advertido que buena parte de la relación bilateral pasa principalmente por la Casa Blanca y la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, no por el Congreso. Además, sectores demócratas mantienen críticas hacia México en temas laborales, ambientales y comerciales vinculados con el T-MEC.
Un Congreso opositor puede abrir más espacios de negociación y limitar algunas decisiones de Trump, pero no resolvería por sí solo las tensiones estructurales entre ambos países.
Qué vigilar la noche electoral
El primer dato será el control de la Cámara de Representantes, aunque es posible que no exista un ganador definitivo esa misma noche. Estados como California y Arizona procesan grandes cantidades de voto por correo y algunos distritos competitivos pueden tardar días en definirse.
También habrá que vigilar Georgia, donde si ningún candidato supera 50% en determinadas contiendas podría celebrarse una segunda vuelta el 1 de diciembre.
Hay además una advertencia importante: las encuestas y los mercados de predicción no son resultados. En las elecciones de 2016 y 2024, las encuestas subestimaron en distintos grados el respaldo a Trump.
El riesgo de una nueva disputa por los resultados
Existe también preocupación sobre cómo reaccionaría Trump ante una derrota republicana.
El periodista León Krauze ha planteado que considera prácticamente nula la posibilidad de que Trump reconozca con normalidad una derrota de su partido. Se trata de una valoración y no de un hecho, pero existe un antecedente que alimenta esa discusión: Trump ofreció un millón de dólares a quien presente información que permita demostrar fraude electoral.
La manera en que responda la Casa Blanca si los republicanos pierden una o ambas cámaras será, por tanto, otra de las historias que dejará la elección.
Lo que realmente se juega Trump
El 3 de noviembre los estadounidenses no elegirán presidente, pero sí emitirán el primer gran veredicto electoral sobre la segunda administración de Donald Trump.
Si los republicanos pierden el Congreso, Trump llegará a sus últimos dos años con menos capacidad para aprobar leyes, manejar el presupuesto, nombrar funcionarios y evitar investigaciones. Si conservan ambas cámaras, tendrá mayor margen para profundizar su agenda y llegar políticamente fortalecido a la última etapa de su mandato.
Para México, el resultado también tendrá consecuencias. El T-MEC, los aranceles, la migración, las deportaciones, las remesas y la seguridad seguirán dependiendo en buena medida de las decisiones de Washington, pero el equilibrio de poder que salga de estas elecciones definirá cuánto podrá hacer Trump por sí solo y cuánto tendrá que negociar.
Preguntas Frecuentes
¿Qué son las elecciones intermedias de Estados Unidos?
Son las elecciones que se celebran a la mitad del mandato presidencial. En 2026 se renuevan los 435 lugares de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 escaños del Senado.
¿Cuándo son las elecciones intermedias de Estados Unidos en 2026?
La jornada electoral será el martes 3 de noviembre de 2026.
¿Donald Trump aparece en la boleta?
No. Trump no compite personalmente, pero el resultado determinará si su Partido Republicano conserva o pierde el control del Congreso.
¿Por qué son importantes para Trump?
Porque si los republicanos pierden una o ambas cámaras, Trump tendrá menos margen para aprobar leyes, manejar el presupuesto y nombrar jueces y funcionarios durante sus últimos dos años.
¿Qué pasa si los demócratas ganan la Cámara?
Podrían bloquear parte de la agenda legislativa de Trump, abrir investigaciones y aumentar la presión sobre el presupuesto y la administración.
¿Qué pasa si los demócratas ganan también el Senado?
Trump tendría además más dificultades para confirmar jueces y altos funcionarios, porque esas nominaciones pasan por el Senado.
¿Por qué estas elecciones importan para México?
Porque pueden influir en el ambiente político alrededor del T-MEC, los aranceles, la migración, las deportaciones, las remesas y la cooperación en seguridad.
¿Una victoria demócrata sería automáticamente favorable para México?
No. Los demócratas también mantienen diferencias con México en temas laborales, ambientales y comerciales, y buena parte de la relación bilateral depende directamente de la Casa Blanca.

