Gianni Infantino quiere vender una parte de la Copa del Mundo. Ese es, en esencia, el plan que el presidente de la FIFA anunció este martes y que desató una de las controversias más fuertes en el fútbol mundial de los últimos años.
¿El plan, en qué consiste?
Según reportó inicialmente el diario The Times de Londres, Infantino propone crear una empresa filial llamada FIFA Forward Enterprise, controlada por la FIFA pero con capacidad para vender participaciones minoritarias a inversores privados. Esta nueva entidad gestionaría las operaciones comerciales y la organización de eventos como la Copa del Mundo y el Mundial de Clubes.
De acuerdo con una carta de Infantino a la que tuvo acceso Associated Press, la filial estaría valorada en 20 mil millones de dólares, con un 20 por ciento de propiedad en manos de inversores privados. La propuesta cuenta con el respaldo de Thrive Capital, la firma de inversión fundada por Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump. La FIFA está trabajando además con el banco J.P. Morgan para estructurar la operación.
Infantino fijó el 19 de septiembre como fecha límite para que las 211 federaciones miembro aprueben el plan. Según su propia carta, si el plan se aprueba, estaría disponible un paquete de financiamiento de 10 mil millones de dólares a partir del 1 de enero de 2027, frente a apenas 2,700 millones de dólares si se rechaza.
Ese paquete daría a cada federación acceso a hasta 40 millones de dólares en financiamiento, una cifra muy superior al presupuesto anual de la mayoría de las 211 federaciones miembro.
Infantino calificó la propuesta como una oportunidad de financiación singular y única, y escribió que es su deber como presidente de la FIFA presentar a los miembros oportunidades que pueden cambiar las reglas del juego.
La FIFA insiste en que, pase lo que pase, retendría el control exclusivo de la nueva empresa y seguiría siendo la única autoridad sobre la gobernanza del fútbol, las competiciones, el calendario y las decisiones regulatorias y deportivas. Infantino calificó la propuesta como la democratización del fútbol a nivel mundial.
La respuesta de la UEFA
La reacción de la UEFA, el organismo que agrupa a 55 federaciones europeas, fue inmediata y contundente. En un comunicado, la organización declaró que a la FIFA no le corresponde vender el fútbol, y que ninguna institución es dueña del deporte.
Añadió que el alma y la gobernanza del fútbol no son activos que se puedan negociar, especialmente sin transparencia sobre quién se beneficia económicamente, y calificó el plan como una línea que las instituciones rectoras del fútbol jamás deberían cruzar.
La UEFA también criticó duramente el plazo tan corto que la FIFA fijó para que las federaciones acepten la propuesta. Según el organismo europeo, ese plazo demuestra que la intención no es debatir, sino imponer una decisión, y advirtió que existe una oposición significativa y creciente al plan dentro del propio mundo del fútbol.
Las Ligas Europeas se sumaron al rechazo con un comunicado propio, en el que señalaron que la Copa del Mundo no debería estar a la venta ni ser tratada como un activo de capital privado del presidente de la FIFA, subrayando que su valor se construye gracias a las ligas, los clubes, los jugadores y los aficionados, quienes no tienen ninguna voz ni voto en esta decisión.
Las otras confederaciones
A diferencia de la UEFA, otras confederaciones han optado por una postura más cautelosa. La CONCACAF no rechazó la propuesta de fondo, pero expresó una preocupación profunda por la falta de un debido proceso, señalando que se enteraron de los detalles a través de los medios de comunicación antes de que existiera cualquier discusión formal con los organismos de gobierno relevantes.
La Confederación Asiática de Fútbol, la AFC, adoptó una postura similar. Tampoco rechazó la idea de fondo, pero pidió que todas las partes interesadas cuenten con información y tiempo suficiente para evaluar la propuesta en su totalidad, incluyendo sus implicaciones de gobernanza, legales, comerciales y estratégicas.
Hasta el momento, la CONMEBOL, la Confederación Africana de Fútbol y la Confederación de Fútbol de Oceanía no se han pronunciado públicamente.
El antecedente: no es la primera vez
Este no es el primer intento de Infantino de involucrar capital privado en las competiciones de la FIFA. En 2018 propuso un acuerdo secreto de 25 mil millones de dólares a lo largo de 12 años con el fondo japonés SoftBank, para crear nuevas competiciones mundiales, con respaldo aparente de capital saudí. Ese proyecto fracasó tras la fuerte resistencia de la UEFA, que veía amenazados sus principales activos, la Liga de Campeones y la Eurocopa.
A pesar de ese fracaso, Infantino fortaleció sus lazos con el fútbol saudí y con el príncipe heredero Mohammed bin Salman. Arabia Saudita será sede del Mundial de 2034 y financió en buena parte la renovada Copa Mundial de Clubes celebrada en Estados Unidos el año pasado.
El contexto: un Mundial histórico y la reelección de Infantino
El anuncio llega poco después de que la Copa del Mundo 2026 generara ingresos récord para la FIFA, de aproximadamente 12 mil millones de dólares. No está claro cómo la FIFA podría igualar esas cifras con la edición conjunta de 2030 entre España, Portugal y Marruecos, lo que algunos analistas interpretan como parte de la motivación detrás de este plan.
El éxito financiero del torneo recién concluido parecía asegurar la reelección de Infantino el próximo año, sin oposición, para un cuarto y último mandato hasta 2031. Sin embargo, ha estado envuelto en muchas polémicas y las confederaciones ya no lo apoyan del todo. Durante años se ha especulado que Infantino busca un rol diferente dentro del fútbol global más allá de la presidencia de la FIFA. The Times informó que podría crearse un puesto de comisionado, similar al de un director ejecutivo, para Infantino dentro de la nueva empresa. La FIFA respondió que eso nunca se ha discutido formalmente, aunque reconoció que tanto el presidente como la administración de la FIFA tendrán y deberán tener roles protagónicos en esta entidad, si es que se aprueba.
Las dudas de fondo
Especialistas en gobernanza del fútbol han señalado varias interrogantes. La primera es financiera: no está claro cuáles serían exactamente los derechos de los inversores privados dentro de la nueva empresa, ni qué porcentaje de los ingresos futuros recibirían.
La segunda preocupación es legal. La FIFA es una asociación suiza sin fines de lucro, cuyas decisiones deben alinearse con los objetivos establecidos en sus propios estatutos, lo que podría dar pie a que sus miembros impugnen el plan bajo la legislación suiza de asociaciones. Además, las prácticas comerciales de la FIFA ya están bajo escrutinio de la Comisión Europea de Competencia por su posición dominante en la organización de competiciones internacionales de fútbol.
Lo que está en juego para el deporte mismo
Más allá de la disputa por el control institucional, especialistas en gobernanza del fútbol han planteado una preocupación distinta: qué pasaría con el juego en sí si inversores privados tienen intereses económicos dentro de la FIFA Forward Enterprise.
La lógica es la siguiente. Si los inversores privados esperan un retorno creciente sobre su participación, la FIFA tendría un incentivo estructural para seguir convirtiendo la Copa del Mundo en un producto cada vez más comercial, con el fin de aumentar sus ingresos año con año. Eso podría traducirse en decisiones que ya se han visto en ediciones recientes del torneo, como pausas de hidratación adicionales durante los partidos para insertar más publicidad, o esquemas de precios dinámicos en las entradas, similares a los que ya generaron polémica en el Mundial 2026 por sus costos elevados.
El cuestionamiento de fondo es si el interés comercial terminaría por imponerse sobre el interés deportivo, es decir, si las decisiones sobre cómo se juega, se transmite y se vive el torneo empezarían a tomarse pensando primero en maximizar ingresos para los inversores, y no en la experiencia del aficionado o la integridad del juego.

