Estados Unidos le quitó la visa a Andrés “Andy” López Beltrán. Eso ya lo sabemos. Pero hay varias cosas que vale la pena resaltar de esta situación y, sobre todo, de la carta que el hijo del expresidente publicó en sus redes sociales.
No es cualquiera
Hay que empezar por lo obvio: a quien le están retirando la visa no es un político más. No es un gobernador, un legislador, uno más de la lista a la que se le ha cancelado la visa en los últimos meses. Estamos hablando del hijo del expresidente y fundador del movimiento y del partido. Es decir, no es cualquiera: es alguien del círculo más cercano al poder. Y eso resalta, y resalta mucho.
Una carta que no tiene pies ni cabeza
Desde el punto de vista de la comunicación política, la carta que López Beltrán dirigió al presidente Donald Trump no tiene pies ni cabeza. Pensando estratégicamente, no tenía por qué publicarla.
Pudo haber negado. Pudo haberse quedado callado, como lo han hecho los demás a quienes les han retirado la visa en meses recientes. A la mayoría de ellos —gobernadores, funcionarios— seguramente también se la quitaron, pero eso sigue siendo, hasta hoy, especulación: no existe una declaración certera que lo confirme al cien por ciento, aunque probablemente sea así.
Al publicar la carta, López Beltrán detonó él mismo la narrativa. Convirtió un episodio que pudo pasar en silencio en portada de todos los medios, y no se dejará de hablar de esto en semanas.
¿Por qué lo hizo?
¿Por enojo e impulso? ¿Porque se anticipa a algo más grande que viene? ¿Para consolidar una narrativa entre sus bases? ¿O simplemente por ego?
Y cuando hablo de ego, lo digo por el tono retador y la prepotencia del texto, donde exige explicaciones al presidente de Estados Unidos y hasta le pide que destituya a Marco Rubio y a Christopher Landau. Es, francamente, increíble.
Un beneficio, no un derecho
Aquí hay algo que hay que dejar claro: la visa estadounidense no es un derecho. Es un beneficio migratorio que ese país otorga o retira de manera discrecional, guste o no guste. Entonces cabe preguntarse cómo ha de estar el ego de una persona para creer que, por el simple hecho de ser quien cree que es, tiene derecho a una visa, cuando en realidad no es un derecho: es un beneficio discrecional.
Y precisamente por ser discrecional, a Estados Unidos le basta con querer retirarla para hacerlo. No necesita una investigación abierta ni delitos probados. Que a alguien le cancelen la visa no es sinónimo de que se le esté acusando de un delito. Esto no es defender a nadie: son, simplemente, los hechos que hoy conocemos.
Una herramienta también política
Dicho esto, también hay que decir lo otro: la visa, como beneficio discrecional, ha sido usada históricamente como herramienta política. Y es cierto que la cancelación de visas a mexicanos por parte de Estados Unidos, en muchas ocasiones, tiene un sentido político y un componente de injerencia en la política interna de México. Así ha sido siempre, y no solo con México: también ocurre en la relación de Washington con otros países.

