Los mexicanos estamos envejeciendo más rápido de lo que ocurrió en buena parte de los países desarrollados. Al mismo tiempo, estamos teniendo cada vez menos hijos y la población crece a su ritmo más lento en décadas. Eso podría parecer una simple curiosidad demográfica, pero sus consecuencias serán económicas, sociales y hasta familiares: en el futuro habrá proporcionalmente menos jóvenes trabajando, más adultos mayores que necesitarán pensiones, atención médica y cuidados, y una economía que tendrá que sostener todo eso sin haber alcanzado todavía los niveles de riqueza de los países que atravesaron primero ese proceso.
Los resultados de la Encuesta Intercensal 2025, presentados por el INEGI el 22 de septiembre, permiten dimensionar qué tan rápido está ocurriendo este cambio. La fotografía que deja es clara: México sigue siendo un país relativamente joven, pero cada vez nacen menos niños, la edad de la población aumenta y la ventana demográfica que durante décadas representó una ventaja comienza a hacerse más estrecha.
El dato que explica todo: cada vez nacen menos mexicanos
La Tasa Global de Fecundidad, que mide cuántos hijos tiene en promedio una mujer a lo largo de su vida reproductiva, cayó de 1.9 hijos en 2019 a apenas 1.2 en 2024. Esto representa una reducción cercana al 37 por ciento en solo cinco años.
Para que una población pueda reemplazarse de una generación a otra, sin considerar los efectos de la migración, necesita una tasa cercana a 2.1 hijos por mujer. México ya se encuentra muy por debajo de ese nivel.
Las diferencias entre entidades también son importantes. La Ciudad de México registra apenas 0.8 hijos por mujer, Baja California se encuentra en 1.0 y Querétaro en 1.1. En el otro extremo, Chiapas registra 1.8 y Guerrero 1.6, cifras que, aun siendo de las más altas del país, permanecen por debajo del nivel de reemplazo.
Que nazcan menos niños no es necesariamente una mala noticia por sí misma. La reducción de la fecundidad suele estar asociada con avances como mayor escolaridad, mejor acceso a métodos anticonceptivos, reducción del embarazo adolescente y una mayor capacidad de las mujeres para decidir cuándo y cuántos hijos tener.
El problema aparece cuando esa caída ocurre muy rápido y coincide con un país que todavía no cuenta con los niveles de ingreso, productividad y protección social necesarios para enfrentar una población mucho más envejecida.
México también crece cada vez más despacio
La Encuesta Intercensal estima que México tiene alrededor de 130.9 millones de habitantes. La población todavía crece, pero cada vez lo hace con menor velocidad.
La tasa media anual de crecimiento fue de aproximadamente 0.7 por ciento entre 2020 y 2025, frente al 1 por ciento registrado entre 2015 y 2020 y muy lejos del 1.9 por ciento observado entre 2005 y 2010.
Al mismo tiempo, el país se está haciendo más viejo. La edad mediana pasó de 29 años en 2020 a 32 años en 2025. Eso significa que hoy la mitad de los mexicanos tiene más de 32 años y la otra mitad menos.
También existen diferencias importantes entre regiones. En la Ciudad de México la edad mediana alcanza ya los 37 años, mientras que Chiapas se mantiene alrededor de 26.
México sigue siendo considerablemente más joven que Japón o buena parte de Europa, pero la dirección del cambio es clara: nacen menos niños, la población crece más despacio y aumenta progresivamente el peso de los adultos mayores.
El problema: México envejece antes de hacerse rico
México no es el único país donde las personas tienen cada vez menos hijos. Japón, Corea del Sur, Italia, España y muchas otras economías desarrolladas llevan años enfrentando tasas de fecundidad extremadamente bajas.
Corea del Sur, por ejemplo, registró alrededor de 0.75 hijos por mujer en 2024, una de las cifras más bajas del mundo.
La diferencia está en las condiciones económicas con las que esos países llegaron a esa etapa. Japón y Corea del Sur alcanzaron primero niveles altos de ingreso por habitante y tuvieron décadas para construir sistemas de salud, pensiones, infraestructura y protección social antes de enfrentar un envejecimiento acelerado.
México está entrando en una etapa demográfica similar desde una posición muy distinta. Una parte importante de la población ocupada continúa en la informalidad, la recaudación fiscal representa una proporción relativamente baja de la economía y el cuidado de las personas mayores todavía depende en buena medida de las propias familias.
Por eso decir que México envejece antes de hacerse rico no significa solamente que habrá más adultos mayores. Significa que el país tendrá que financiar las consecuencias económicas del envejecimiento sin haber alcanzado antes el nivel de ingreso de las economías que atravesaron primero esa transición.
La ventaja que todavía tenemos tiene fecha de caducidad
México todavía conserva una ventaja importante: el llamado bono demográfico. El concepto describe una etapa en la que existe una proporción elevada de personas en edad de trabajar y relativamente pocos niños y adultos mayores que dependen económicamente de ellas.
Esa combinación puede convertirse en una oportunidad para acelerar el crecimiento económico, porque existen más personas produciendo, consumiendo y pagando impuestos que personas dependientes.
Entre 2020 y 2025, la razón de dependencia pasó de aproximadamente 50 a 47 personas dependientes por cada 100 personas en edad productiva. A primera vista, el dato parece positivo, porque todavía existen relativamente pocos dependientes frente a la población en edad de trabajar.
El problema es que esta ventaja es temporal. La baja natalidad reduce hoy el número de niños dependientes, pero también significa que dentro de algunas décadas habrá menos jóvenes incorporándose al mercado laboral justo cuando una generación mucho más numerosa llegue a la vejez.
México todavía tiene bono demográfico, pero cada vez dispone de menos tiempo para aprovecharlo.
La coincidencia resulta especialmente relevante porque esta etapa ocurre al mismo tiempo que el país intenta beneficiarse de fenómenos como el nearshoring y la relocalización de cadenas productivas hacia México. El verdadero reto consiste en convertir esa población todavía relativamente joven en más productividad, empleos formales, inversión y mejores ingresos antes de que la estructura demográfica cambie definitivamente.
Qué significa esto si hoy tienes 30 o 40 años
Para alguien que hoy tiene 30 o 40 años, esta transformación podría parecer demasiado lejana, pero probablemente será una de las generaciones que enfrente directamente sus consecuencias.
Cuando llegue a la edad de retiro, vivirá en un México con proporcionalmente menos jóvenes trabajando, más adultos mayores cobrando pensiones y una demanda mucho mayor de atención médica y cuidados de largo plazo.
Habrá menos trabajadores por cada persona retirada, lo que incrementará la presión sobre las pensiones, los servicios de salud y las finanzas públicas.
También cambiará la forma en que las propias familias cuidan a sus integrantes mayores. Durante décadas, buena parte del cuidado de las personas de la tercera edad en México ha ocurrido dentro del hogar y ha recaído principalmente en familiares, especialmente mujeres.
Pero las familias son cada vez más pequeñas. Una persona que en generaciones anteriores podía tener cuatro o cinco hijos disponibles para repartir las tareas de cuidado podría tener uno o ninguno.
Eso obligará a México a discutir con mayor seriedad quién va a cuidar a una población cada vez más envejecida y cómo se financiarán esos cuidados.
Las pensiones serán uno de los grandes retos
El envejecimiento también tendrá consecuencias directas sobre las finanzas públicas.
El Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, CIEP, ha estimado que para 2026 el gasto conjunto en pensiones contributivas y no contributivas ronda los 2.3 billones de pesos, equivalentes a aproximadamente 6 por ciento del PIB.
El centro ha advertido que el envejecimiento poblacional incrementará la presión fiscal y obligará a discutir cómo financiar ese gasto durante las próximas décadas. Esto incluye tanto las pensiones tradicionales de trabajadores del IMSS, ISSSTE y otros sistemas, como las pensiones no contributivas financiadas directamente con recursos públicos.
Desde el Gobierno federal, en cambio, se ha defendido que programas como la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores son derechos consolidados y que cualquier presión futura sobre las finanzas públicas tendría que atenderse mediante herramientas como una mayor recaudación, crecimiento económico o formalización del empleo.
Ambas cuestiones pueden coexistir: las pensiones pueden ser un derecho y, al mismo tiempo, su financiamiento convertirse en uno de los principales desafíos de un país que envejece rápidamente.
La Encuesta reveló otro problema que México casi no medía
La Encuesta Intercensal 2025 también dejó otro dato relevante fuera del ámbito estrictamente demográfico. Por primera vez permitió dimensionar a escala nacional el desplazamiento forzado relacionado con violencia, inseguridad y desastres.
Según los resultados, alrededor de 510 mil hogares tienen al menos un integrante que tuvo que cambiar obligadamente de residencia debido a violencia o inseguridad. En conjunto, se estima que se trata de aproximadamente 1.6 millones de personas.
A esto se suman cerca de 152 mil hogares afectados por desplazamientos relacionados con desastres naturales, equivalentes aproximadamente a otras 485 mil personas.
En conjunto, más de dos millones de mexicanos viven en hogares donde al menos una persona tuvo que abandonar su residencia por alguna de estas causas.
El dato debe interpretarse con cuidado. El propio INEGI aclara que desplazarse no significa necesariamente cruzar de un estado a otro o incluso abandonar un municipio. Una persona puede verse obligada a cambiar de vivienda dentro de una misma localidad debido a amenazas, violencia o inseguridad.
Aun con ese matiz, la cifra permite dimensionar un fenómeno que durante años fue difícil de medir de forma comparable a nivel nacional.
La Ciudad de México ya está cerca de los países con menor natalidad
La comparación internacional ayuda a entender la magnitud del cambio.
La Ciudad de México registra una tasa de fecundidad de apenas 0.8 hijos por mujer, muy cercana al 0.75 registrado por Corea del Sur en 2024, uno de los países con menor fecundidad del planeta.
Esto no significa que la capital mexicana tenga actualmente la misma estructura demográfica que Corea del Sur ni que enfrente exactamente los mismos problemas. Lo que muestra es hasta dónde ha caído la natalidad en algunas zonas del país y qué tan rápido México comienza a aproximarse a fenómenos que durante mucho tiempo parecían propios de sociedades desarrolladas y envejecidas.
La diferencia sigue siendo la misma: Corea del Sur llegó a esa situación después de convertirse en una economía de altos ingresos. México comienza a enfrentar tasas similares con niveles de ingreso considerablemente menores y con un sistema de protección social menos desarrollado.
¿Por qué los mexicanos están teniendo menos hijos?
La Encuesta Intercensal permite saber qué está ocurriendo, pero no explica por sí sola todas las razones detrás de la caída de la natalidad. Probablemente no exista una única causa.
El precio de la vivienda, los salarios, la incertidumbre laboral, el costo de criar a un hijo, las jornadas de trabajo, el acceso a guarderías, los cambios culturales, la mayor participación laboral de las mujeres y nuevas prioridades personales pueden formar parte de la explicación.
También existe una diferencia importante entre no querer tener hijos y quererlos, pero sentir que no existen las condiciones económicas o personales para hacerlo. Esa distinción será cada vez más importante para entender por qué la fecundidad mexicana cayó con tanta rapidez.
Por eso quizá la pregunta más importante que dejan los nuevos datos no sea simplemente por qué están naciendo menos niños, sino qué tendría que cambiar para que quienes sí quieren formar una familia sientan que realmente pueden hacerlo.
México todavía tiene una población relativamente joven y conserva parte de su bono demográfico, pero esa ventaja no durará para siempre. Los mexicanos estamos teniendo menos hijos, vivimos más años y el país se está haciendo más viejo. La cuestión de fondo es si México logrará convertirse en una economía más rica, productiva y preparada antes de convertirse también en una sociedad mucho más envejecida.

