Una silla vacía. Una fotografía de Claudia Tacoronte Aguilera rodeada de flores y veladoras. Junto a ella, un cartel: Claudia no se olvida.
Así la recordaron sus compañeros del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, en el campus Chamilpa de Cuernavaca, apenas dos días después de que la joven española de 21 años fuera asesinada en Cuautla, Morelos.
Qué pasó
Claudia era originaria de Canarias y cursaba Educación Infantil en la Universidad de Granada. Llegó a México a mediados de agosto para realizar un intercambio académico con la UAEM, donde llevaba apenas un mes de estancia.
El sábado 12 de septiembre asistió, junto a un compañero, a la Fiesta Nacional de la Planta Medicinal en el centro de Cuautla. Alrededor de las 20:30 horas fue atacada con un arma blanca. Alcanzó a resguardarse en la Casa de la Cultura, pero el agresor la persiguió hasta el interior.
Murió antes de que llegaran los servicios de emergencia. Testimonios recogidos después del ataque señalaron que la ambulancia tardó alrededor de 30 minutos en arribar.
Cámaras de vigilancia captaron a un hombre huyendo del lugar con una mochila, pero hasta el momento la Fiscalía de Morelos no ha dado a conocer públicamente su identidad ni ha confirmado la detención del responsable.
La primera hipótesis conocida apuntó a un posible intento de robo. Sin embargo, la Fiscalía investiga el caso bajo el protocolo de feminicidio y mantiene abiertas distintas líneas de investigación.
La reacción en España y el reclamo de la familia
El dolor cruzó el Atlántico.
La Universidad de Granada condenó el crimen, convocó un minuto de silencio simultáneo en sus facultades y ofreció apoyo psicológico a su comunidad. También hubo actos en otras instituciones universitarias españolas.
La UGR suspendió la movilidad de tres estudiantes que tenían previsto viajar a la UAEM el próximo semestre y ofreció alternativas a quienes ya se encontraban en México y no se sintieran seguros. La institución reconoció además que no tenía conocimiento previo de los otros asesinatos de estudiantes de la UAEM ocurridos en los últimos meses.
El canciller español José Manuel Albares expresó sus condolencias y aseguró que la embajada y el consulado se encontraban movilizados para dar seguimiento al caso y acompañar a la familia. También se pronunciaron el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, y otros funcionarios españoles.
Pero para la familia de Claudia las condolencias institucionales no han sido suficientes.
El 14 de septiembre, su hermana Lara Tacoronte difundió un video exigiendo que se localice y detenga al responsable. Denunció que ni ella ni sus padres habían recibido una llamada de las autoridades mexicanas y que conocieron detalles de lo ocurrido a través de medios de comunicación y no mediante un canal oficial.
También cuestionó que Claudia hubiera sido enviada a ese destino de intercambio sin que la familia conociera plenamente el contexto de inseguridad de la región, y recordó que otras estudiantes de la universidad habían sido asesinadas antes de su llegada.
En México, la indignación volvió a las calles. Estudiantes de la UAEM marcharon en Cuernavaca para exigir justicia por Claudia y por las otras universitarias asesinadas en los últimos meses.
Entre las pancartas apareció una frase que sintetizó el sentimiento de parte de la comunidad estudiantil: “Estar en la UAEM se siente como ser parte de un necrocatálogo”.
No es un caso aislado: la cronología
El de Claudia es el quinto caso de una alumna de la UAEM asesinada en menos de 17 meses.
En abril de 2025, Aylin Rodríguez Fernández, estudiante de Psicología, fue hallada sin vida en Jiutepec con signos de violencia extrema. Su pareja sentimental fue detenida y vinculada a proceso como principal sospechoso.
En marzo de 2026, Kimberly Joselin Ramos Beltrán, estudiante de la Facultad de Contaduría, Administración e Informática, fue encontrada sin vida después de haber sido reportada como desaparecida desde el 20 de febrero. Su novio fue detenido como presunto responsable.
Ese mismo mes, Karol Toledo Gómez, estudiante de Derecho, desapareció el 2 de marzo y posteriormente fue localizada sin vida en Coatetelco.
En junio de 2026, Michelle Itzayana Fuentes Calderón, de 15 años y alumna de bachillerato de la UAEM e hija de una profesora de la institución, fue localizada sin vida en Tepoztlán después de haber desaparecido el 24 de mayo en Yautepec.
Ahora, en septiembre, Claudia Tacoronte Aguilera se convirtió en la quinta estudiante de la institución asesinada en este periodo.
Los casos de Kimberly y Karol ya habían provocado paros y protestas estudiantiles y derivaron en negociaciones con las autoridades universitarias que dieron origen al Proyecto Integral de Seguridad Universitaria.
El proyecto incluyó medidas como cámaras de videovigilancia, luminarias, paraderos y una tarjeta de transporte para estudiantes. El asesinato de Claudia ha vuelto a poner en el centro del debate si esas medidas han sido suficientes.
El contexto de Cuautla: violencia, extorsión y crimen organizado
El asesinato de Claudia ocurrió además en uno de los municipios más golpeados por la violencia en Morelos.
Cuautla ha registrado durante los últimos años altos niveles de homicidio, extorsión y otros delitos de alto impacto. Según cifras del INEGI, registró 253 homicidios en 2023 y 204 en 2024, con tasas muy superiores al promedio nacional.
Solo entre enero y junio de 2026 se contabilizaron cerca de 3 mil 913 presuntos delitos, entre ellos 41 homicidios dolosos y 135 casos de extorsión. Esta última cifra representó alrededor del 35 por ciento de todas las extorsiones registradas en Morelos durante ese periodo.
La situación llevó al Gobierno federal a incluir al municipio entre las zonas prioritarias de su estrategia de seguridad.
En julio de 2026 se puso en marcha el Plan Cuautla, con despliegue de policías, Guardia Nacional y Ejército para combatir principalmente la extorsión y otros delitos de alto impacto.
Un alcalde detenido y una crisis institucional
Ese despliegue ocurrió después de que, en mayo de 2026, autoridades federales detuvieran en Acapulco al entonces alcalde de Cuautla, Jesús Corona Damián, en el marco de la llamada Operación Enjambre, enfocada en investigar posibles redes de corrupción entre funcionarios municipales y grupos del crimen organizado.
Un juez federal lo vinculó a proceso por delincuencia organizada, extorsión y operaciones con recursos de procedencia ilícita. La investigación de la Fiscalía General de la República lo relaciona presuntamente con integrantes del Cártel de Sinaloa que operan en el oriente de Morelos.
Permanece en prisión preventiva mientras continúa el proceso.
La detención mostró que el problema de seguridad en Cuautla no se limita únicamente a los delitos cometidos en las calles, sino que las investigaciones federales han alcanzado también a estructuras del propio gobierno municipal.
Los señalamientos sobre el entorno universitario
A este contexto se han sumado señalamientos todavía más delicados.
Analistas y voces críticas de la situación de seguridad han planteado públicamente la posible existencia de redes de narcomenudeo y trata dentro o alrededor del entorno de la UAEM que, según esas versiones, no habrían sido desarticuladas.
Hasta ahora, sin embargo, no se han presentado públicamente pruebas que permitan comprobar esos señalamientos, ni existe información oficial que permita vincularlos directamente con los asesinatos de las estudiantes mencionadas en esta nota.
Las autoridades universitarias tampoco han reconocido públicamente la existencia de esas redes y las acusaciones no han sido corroboradas de manera independiente.
Su inclusión forma parte del debate que ha surgido alrededor de la crisis de seguridad, pero debe distinguirse de los hechos que sí han sido acreditados por las investigaciones oficiales.
Cinco estudiantes en menos de 17 meses
Los casos de Aylin, Kimberly, Karol, Michelle y Claudia no ocurrieron bajo las mismas circunstancias, no todos tienen el mismo grado de avance judicial y tampoco todos los asesinatos ocurrieron dentro de instalaciones universitarias.
Pero las cinco eran estudiantes de una misma institución y fueron asesinadas en un periodo de menos de año y medio.
Sus muertes han terminado formando parte de una misma conversación dentro de la UAEM: la inseguridad que enfrentan sus estudiantes, las condiciones del entorno en el que se desplazan y la capacidad de las instituciones para protegerlas.
“Esto no va a parar, va a seguir sucediendo”, dijo Lara Tacoronte tras el asesinato de su hermana.
Es una advertencia que llega después de meses de protestas, paros, nuevas medidas de seguridad y cuatro muertes anteriores.
El asesinato de Claudia vuelve a colocar frente a la universidad y a las autoridades de Morelos una pregunta que la comunidad estudiantil lleva meses haciendo:
¿Qué tiene que cambiar para que no haya una sexta?

