Universidad de Cornell ante un nuevo escándalo: Reapertura del caso de agresión sexual en grupo
La Universidad de Cornell, ubicada en Nueva York, se encuentra en el centro de la atención pública tras la decisión de reabrir un caso de violación en grupo que involucra a una exalumna, conocido como el caso de Jane Doe. La reapertura del caso se produce después de que la víctima presentara una nueva demanda en respuesta a lo que ella percibe como la inadecuada gestión del asunto por parte de la universidad.
Lo esencial del caso
- Demanda y violación: El 16 de septiembre de 2024, Jane Doe presentó una demanda contra la universidad, afirmando que fue drogada y violada en grupo el 19 de octubre de ese mismo año por varios hombres de la fraternidad Chi Phi.
- Reapertura del caso: La investigación se reabrirá para imponer nuevas sanciones a los siete acusados, en respuesta a la falta de medidas efectivas tras la denuncia inicial de la víctima.
Foto: AP
Contexto de la agresión
Jane Doe, que era menor de edad en el momento de la agresión (21 años es el límite legal en EE. UU.), narró a The Cornell Daily Sun cómo la situación de una noche de fiesta se tornó en una pesadilla. Invocando la presión de sus "amigos", fue convencida de participar en un encuentro sexual con otros miembros de la fraternidad, pero estaba tan intoxicada que no pudo dar su consentimiento.
Los agresores, Matthew Ingalls y Johnathan Newell, la forzaron a consumir sustancias como ketamina, marihuana y alcohol, lo que contribuyó a su incapacidad para consentir. La situación se agravó cuando Newell envió un mensaje en un chat de fraternidad, invitando a otros hombres a unirse a la agresión, resultando en que otros cinco hombres se sumaran.
Identidad de los agresores
Los siete hombres señalados en el caso son:
- Matthew Ingalls
- Johnathan Newell
- Winston Lee
- Gillio Lopes
- Diego Sarabia
- Scott Norris
- Scott Kretzschmar
Respuesta de la universidad
La Universidad de Cornell inicialmente suspendió a la fraternidad y a los presuntos responsables tras la denuncia de Jane Doe. Sin embargo, la respuesta de la universidad ha sido criticada. La víctima mencionó que los agresores simplemente recibieron la tarea de escribir un ensayo como sanción, y la investigación posterior no resultó en penas defensivas significativas.
Según una declaración de la universidad sobre el manejo del caso:
“La ley federal de privacidad prohíbe a Cornell divulgar información específica sobre estudiantes, por lo que no podemos hacer declaraciones públicas sobre ninguna otra medida disciplinaria”.
El caso ha suscitado un debate sobre cómo las instituciones educativas manejan las denuncias de agresiones sexuales y la necesidad de un enfoque más contundente hacia la justicia para las víctimas.
Reapertura de la investigación
El fiscal de distrito del condado de Tompkins ha decidido reabrir la investigación del caso. Esto significa que los testimonios se presentarán ante un Gran Jurado, donde se determinarán los cargos penales correspondientes y se votará sobre las sanciones que se impondrán.
“Reconozco la realidad de que las víctimas de agresiones sexuales pueden necesitar años de terapia para procesar lo que les ocurrió. Buscar justicia a veces requiere que reabramos casos cuando se proporciona evidencia adicional“, declaró el fiscal en un comunicado.

Foto: Captura de pantalla/The New York Times
La opinión de la Universidad de Cornell
En un comunicado reciente, la Universidad de Cornell enfatizó que ha actuado conforme a las políticas universitarias y que la fraternidad Chi Phi sigue prohibida. Reiteraron que cualquier insinuación de que no se impusieron sanciones a los implicados es falsa. Su reciente declaración señala su apoyo a la decisión del fiscal de distrito de continuar con la investigación.
“Cualquier insinuación de que la universidad no impuso sanciones a los implicados es falsa“.
Reflexión final
El escándalo en la Universidad de Cornell pone de manifiesto no solo la gravedad de las agresiones sexuales en el entorno universitario, sino también la respuesta institucional a estas situaciones. Mientras la sociedad exige justicia y responsabilidad, será crucial observar cómo evoluciona este caso y si realmente se lograrán cambios significativos en la manera en que se manejan los delitos de esta naturaleza en las universidades estadounidenses.
Para más información sobre la respuesta de las universidades a la violencia sexual y recursos disponibles para víctimas, programas como RAINN (Rape, Abuse & Incest National Network) ofrecen apoyo integral.

