Proponen declarar patrimonio biocultural el cultivo de cempasúchil en Ciudad de México
Los tonos amarillos y naranjas del cempasúchil anuncian cada año la llegada del Día de Muertos. En los campos de Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta, la flor que adorna altares y panteones también representa el trabajo de familias campesinas y una tradición agrícola transmitida de generación en generación.
Con el propósito de proteger esos conocimientos, la diputada Judith Vanegas presentó ante el Congreso de la Ciudad de México una iniciativa para que el cultivo tradicional del cempasúchil y las prácticas vinculadas a su producción sean reconocidos como Patrimonio Biocultural de la capital.
Qué busca la propuesta para proteger el cempasúchil
La iniciativa plantea que la Secretaría de Cultura capitalina comience el proceso para otorgar este reconocimiento. La finalidad es valorar tanto el significado de la flor en las celebraciones mexicanas como los saberes agrícolas que permiten cultivarla.
Entre los aspectos que se busca preservar están la selección de semillas, las técnicas de producción y las formas de organización comunitaria. El planteamiento también apunta a respaldar a quienes mantienen activa esta actividad, incluidas las mujeres que participan en la floricultura.
- Conservar los conocimientos campesinos relacionados con el cultivo.
- Impulsar ferias y espacios de venta directa para productores.
- Promover corredores comerciales que reduzcan la dependencia de intermediarios.
- Dar mayor visibilidad a las comunidades que sostienen esta tradición.
Una flor ligada a la memoria del Día de Muertos
Conocido también como la flor de los veinte pétalos, el cempasúchil ocupa un lugar central en las ofrendas por su color intenso y su aroma. De acuerdo con la tradición popular, sus pétalos trazan caminos para orientar simbólicamente a las almas en su regreso al hogar.
Su presencia en altares, cementerios y espacios públicos forma parte de una celebración reconocida como patrimonio cultural inmaterial por la UNESCO. Sin embargo, detrás de esa imagen también están los campos y las personas que hacen posible que la flor llegue a las ofrendas cada temporada.
“Que nunca falten las manos campesinas que trabajan nuestra tierra, ni las flores que iluminan nuestras ofrendas. Y que nunca olvidemos que detrás de cada cempasúchil está la memoria, la identidad y el corazón de nuestros pueblos”, expresó Vanegas.
El 30 de octubre, fecha propuesta para celebrar la flor
Otro punto de la iniciativa es impulsar la primera celebración oficial del Día de la Flor de Cempasúchil, propuesta para el 30 de octubre. La intención es integrar la fecha a la programación cultural y turística de la ciudad, con actividades que acerquen al público a las zonas de cultivo y a las comunidades productoras.
La conmemoración buscaría reconocer una actividad que combina identidad, tradición y sustento económico para numerosas familias. También podría abrir espacios para que visitantes conozcan de cerca el proceso agrícola y el trabajo que hay detrás de cada cosecha.
Milpa Alta y el valor de mantener viva la tradición
Para la legisladora, cuidar el cultivo del cempasúchil significa proteger el vínculo histórico de los pueblos con la tierra. En ese sentido, destacó la labor de la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural (CORENADR) en el respaldo al campo de la capital.
Vanegas también recordó que se adelantó la producción de flores para decorar lugares emblemáticos, como Paseo de la Reforma, durante las actividades relacionadas con la Copa Mundial de Futbol de 2026. La medida, señaló, permitió mostrar parte de la riqueza agrícola y cultural de la ciudad a residentes y visitantes.
“Milpa Alta no solamente conserva sus tradiciones, Milpa Alta las siembra, las cultiva y las mantiene vivas”, afirmó.
La propuesta aún plantea un reconocimiento institucional, no una declaratoria ya aprobada. Si avanza, podría fortalecer la protección de las prácticas agrícolas y dar más visibilidad a quienes cultivan el cempasúchil, una flor cuya presencia en las ofrendas comienza mucho antes de noviembre: nace del conocimiento y el trabajo cotidiano de las comunidades.

