El futbol mexicano vuelve a discutir uno de los cambios más polémicos de su estructura: la ausencia de ascenso y descenso entre la Liga MX y la Liga de Expansión.
Seis años después de que el sistema fuera suspendido, un club de la segunda categoría puede tener una gran temporada, invertir en su plantilla y convertirse en campeón, pero ese éxito no le garantiza un lugar en Primera División. Del otro lado, un equipo de Liga MX puede terminar reiteradamente en los últimos lugares sin perder la categoría por resultados deportivos.
El tema volvió al centro de la conversación con el inicio del Apertura 2026, cuando jugadores de distintos equipos de la Liga de Expansión protagonizaron protestas dentro de la cancha para exigir que regrese una vía deportiva hacia la máxima categoría.
Cómo se llegó a esta situación
El ascenso y descenso fue suspendido en 2020, en medio de la pandemia de covid-19 y de una crisis económica que afectó a numerosos clubes.
Sin embargo, la pandemia no fue la única razón. Desde antes existían equipos del entonces Ascenso MX con problemas financieros, administrativos y de infraestructura.
En ese contexto, la Federación Mexicana de Futbol y los propietarios de los clubes impulsaron un modelo de estabilización para la categoría.
La temporada 2019-2020 terminó anticipadamente y se determinó suspender temporalmente el ascenso y descenso durante seis temporadas. El argumento era que ese periodo permitiría sanear las finanzas de los clubes, mejorar sus estructuras y construir proyectos económicamente viables.
La medida, al menos inicialmente, tenía carácter temporal.
Seis años después, sin embargo, la conexión deportiva entre ambas categorías no ha regresado.
Para la temporada 2026-2027 se mantiene un esquema sin ascenso ni descenso, lo que ha reavivado la inconformidad entre jugadores, clubes y aficionados.
Las protestas llegaron a la cancha
Durante el arranque del Apertura 2026, futbolistas de varios equipos de la Liga de Expansión realizaron una protesta coordinada.
En distintos encuentros dejaron transcurrir aproximadamente el primer minuto sin disputar realmente el balón, como una manifestación simbólica contra la continuidad del modelo.
La protesta comenzó en partidos como Mineros de Zacatecas contra Correcaminos y posteriormente se extendió a otros encuentros de la jornada.
El mensaje era sencillo: los jugadores quieren que vuelva a existir una posibilidad deportiva de alcanzar la Primera División.
La inconformidad refleja un problema que va más allá de una decisión administrativa. Para muchos actores de la categoría, los clubes están compitiendo por un campeonato cuyo principal premio histórico desapareció.
¿Qué cambia cuando no existe ascenso?
La consecuencia más evidente está en los incentivos.
En una liga con ascenso, conquistar el campeonato de una división inferior puede cambiar por completo el futuro de una institución. Subir de categoría significa mayor exposición, nuevos patrocinadores, mejores contratos y la posibilidad de competir contra los principales clubes del país.
Esa expectativa también puede movilizar a una ciudad y a su afición.
Un equipo de Liga de Expansión puede desarrollar jugadores, contratar un buen cuerpo técnico, mejorar su estadio y construir una plantilla competitiva. Pero incluso si termina campeón, continuará en la misma división mientras no exista una vía de ascenso.
Eso plantea una pregunta fundamental: ¿qué incentivo existe para aumentar la inversión deportiva si los resultados tienen un límite establecido fuera de la cancha?
El problema puede convertirse en un círculo difícil de romper.
Sin ascenso, la categoría puede resultar menos atractiva para inversionistas, patrocinadores y aficionados. Con menos recursos, los clubes tienen mayores dificultades para fortalecer sus estructuras. Y esa misma debilidad puede utilizarse posteriormente como argumento para señalar que no están preparados para competir en Primera División.
¿Y qué pasa con los equipos de Liga MX?
La ausencia del descenso también cambia los incentivos en la máxima categoría.
En los sistemas tradicionales, terminar entre los últimos lugares representa un riesgo considerable. Descender puede significar perder ingresos televisivos, patrocinadores, jugadores, taquilla y valor comercial.
En México ese riesgo deportivo desapareció.
Actualmente existen sanciones económicas y otros mecanismos para los clubes con malos resultados, pero perder la categoría ya no forma parte de las consecuencias.
Desde una perspectiva empresarial, el modelo tiene una ventaja evidente: reduce el riesgo para los propietarios.
Un club conserva su lugar en Primera División incluso después de varias temporadas deficientes, lo que ofrece mayor estabilidad financiera y previsibilidad sobre su inversión.
Pero esa protección también abre una discusión de fondo: ¿hasta qué punto debe protegerse la inversión de los propietarios frente al principio del mérito deportivo?
El caso Atlante
Uno de los ejemplos que mejor ilustran la discusión es Atlante.
Después de años compitiendo en la categoría inferior y de protagonizar distintas temporadas exitosas, su regreso al máximo circuito no se produjo mediante un ascenso conseguido en la cancha, sino a través de una operación para adquirir una plaza de Primera División.
El caso expone una de las contradicciones que señalan los críticos del actual sistema: obtener buenos resultados en la Liga de Expansión no garantiza llegar a Liga MX, mientras que una operación empresarial puede abrir esa posibilidad.
Esto no significa que cualquier club pueda simplemente comprar una plaza. Este tipo de movimientos requiere capacidad financiera, acuerdos corporativos y autorización de las autoridades del futbol.
Sin embargo, la discusión permanece: el resultado deportivo dejó de ser la vía principal para alcanzar la máxima categoría.
¿Qué ocurre en otras ligas?
El sistema de ascenso y descenso continúa siendo el modelo predominante en las principales ligas del futbol mundial.
La Premier League de Inglaterra, LaLiga de España, la Bundesliga de Alemania, la Serie A italiana y la Ligue 1 francesa mantienen mecanismos para que los peores equipos de Primera División pierdan la categoría y sean reemplazados por clubes provenientes de niveles inferiores.
Lo mismo ocurre en buena parte del futbol sudamericano.
México tampoco fue el único país que suspendió descensos durante la pandemia.
En 2020 distintas federaciones adoptaron medidas extraordinarias ante la interrupción de los torneos y la incertidumbre económica. Japón suspendió temporalmente los descensos; Países Bajos canceló su temporada sin ascensos ni descensos, y otros países modificaron temporalmente sus sistemas.
La diferencia es que, con el paso del tiempo, esas competiciones recuperaron la movilidad deportiva.
Por eso el caso mexicano resulta particular: no porque haya sido el único país en suspender el descenso, sino porque la medida se prolongó durante seis años y terminó modificando profundamente la estructura de la competencia.
El argumento financiero
También existen razones para defender ciertos controles.
El descenso puede provocar una crisis económica severa para un club. La pérdida de derechos televisivos, patrocinadores y exposición puede poner en riesgo instituciones que ya enfrentan dificultades financieras.
Por eso, recuperar el ascenso y descenso no tendría que significar eliminar todos los requisitos.
Un modelo podría exigir solvencia financiera, instalaciones adecuadas, garantías salariales, infraestructura y determinadas condiciones administrativas antes de permitir que un club llegue a Primera División.
La diferencia estaría en que esos requisitos funcionaran como mecanismos de seguridad y no como una barrera permanente.
El reto sería combinar dos objetivos: estabilidad financiera y mérito deportivo.
Seis años después, la pregunta cambió
En 2020, la discusión podía centrarse en si era necesario proteger a los clubes durante una crisis extraordinaria.
En 2026, la pregunta es diferente.
Si la suspensión del ascenso y descenso debía servir para fortalecer a la categoría durante seis temporadas, ¿qué ocurrió durante ese periodo y por qué todavía no existe una ruta deportiva clara para llegar a Primera División?
Ese es el fondo de la controversia.
Al equipo de Liga MX se le dice que una mala temporada no necesariamente pondrá en riesgo su lugar.
Al club de Liga de Expansión se le dice que incluso una temporada extraordinaria no necesariamente le permitirá crecer.
Y esas dos señales modifican la lógica competitiva del torneo.
La discusión sobre el ascenso y descenso no consiste únicamente en recuperar una regla que existió durante décadas. Se trata de decidir qué modelo quiere tener el futbol mexicano y qué peso deben tener los resultados deportivos frente a la protección financiera de los clubes.
Seis años después de la suspensión, la pregunta sigue abierta:
¿Debe un lugar en Primera División conservarse por estabilidad empresarial o ganarse y perderse en la cancha?

