En septiembre de 2023, Claudia Sheinbaum se alzó como la candidata de Morena para suceder a Andrés Manuel López Obrador, superando a cinco competidores. La imagen de aquella noche capturó no solo una victoria, sino también un entorno donde varios líderes políticos mostraban que la disputa por el poder estaba lejos de haber finalizado.
Tres años después, el contexto ha cambiado drásticamente para los contendientes. Las trayectorias de Marcelo Ebrard, Gerardo Fernández Noroña y Adán Augusto López muestran que, llegado el segundo aniversario del Gobierno de Sheinbaum, sus márgenes de maniobra se han reducido y su influencia dentro del partido es cuestionable.
Ebrard: del desafío a la disciplina política
Marcelo Ebrard estuvo a punto de generar una fractura tras el proceso interno. Al conocer los resultados, acusó irregularidades y se ausentó del evento de celebración de Sheinbaum, dejando claro su descontento con la frase: “No nos vamos a someter a esa señora”.
Un distanciamiento temporal
Sin embargo, menos de un año más tarde, Ebrard se reintegró al gabinete de Sheinbaum como secretario de Economía, marcando un giro significativo en su postura. Ahora, enfrenta desafíos complejos, como la reactivación de la relación económica con Estados Unidos, especialmente ante el posible regreso de Donald Trump a la presidencia estadounidense.
Pese a su relevancia en este sector, las presiones no cesan. Una investigación sobre el hospedaje de su hijo en Londres complica su desempeño, mientras ajustes en el equipo comercial subrayan su delicada situación. Ebrard mantiene poder y visibilidad, pero ha perdido la independencia que intentó preservar hace tres años.
Noroña: del tercer lugar a la soledad política
Gerardo Fernández Noroña vivió la contienda interna desde una perspectiva completamente distinta. Su inesperado tercer lugar en las primarias lo colocó en una situación única frente a competidores con más recursos.
En la celebración de Sheinbaum, Noroña no desperdició la oportunidad para advertir a Ebrard: “Quien rompa por ambición se lo va a chupar la bruja”. Sin embargo, el liderazgo que alcanzó tras convertirse en presidente del Senado no duró, ya que, con el cambio de mando, su figura se diluyó ante la selección de Higinio Martínez como sucesor.
Un camino incierto
Aunque sigue siendo influyente entre las bases, Noroña ha perdido la visibilidad que le brindaba la presidencia del Senado. Su advertencia sobre la “bruja” ha adquirido un significado más complejo en este marco político.
Adán Augusto: del regreso al desgaste político
Adán Augusto López, considerado uno de los hombres más cercanos a López Obrador, llegó a las internas con una intensa campaña. A pesar de su cuarto lugar, no se retiró del escenario político y volvió a la primera línea al ser nombrado coordinador de Morena en el Senado bajo la presidencia de Sheinbaum.
El peso de las controversias
Las controversias involucrando a su equipo en Tabasco comenzaron a empañar su imagen, disminuyendo su protagonismo en el partido. Aunque al principio recuperó influencia, esta comenzó a erosionarse debido a las recientes revelaciones que rodean su pasado político.
Una interna que se extiende más allá de lo esperado
Normalmente, las disputas internas se resuelven en el momento de las votaciones. Sin embargo, la situación de 2023 ha requerido una reevaluación prolongada. Ebrard, aunque bajo el mando de Sheinbaum, mantiene cierta relevancia. Noroña pasó de un tercer puesto prometedor a perder su liderazgo, mientras que Adán Augusto intenta navegar por aguas turbulentas en medio de crecientes escándalos.
El ascenso de Sheinbaum y el cambio de dinámicas
Claudia Sheinbaum, quien necesitaba inicialmente cohesionar a un movimiento lleno de voces fuertes, ha emergido como presidenta con competidores internos debilitados y sin un rival claro que desafíe su liderazgo. “Tenía que ser Claudia”, resume la percepción actual de muchos analistas.
Aunque Ebrard, Noroña y Adán Augusto permanecen activos en la esfera política, la dinámica de poder dentro de Morena ha cambiado drásticamente desde 2023. La lucha interna parece haber llegado a su fin, dejando a Sheinbaum en una posición claramente dominante.

