Atizapán: lo que el multihomicidio del tecladista de Camilo Séptimo reveló sobre la empatía que aún tenemos
En un país donde las noticias de homicidios y desapariciones aparecen todos los días, y donde muchas veces pasan casi desapercibidas entre la saturación informativa, el multihomicidio ocurrido el 1 de septiembre en Atizapán de Zaragoza conmocionó a México entero. No fue solo la fama del músico Jonathan Meléndez, tecladista y fundador de la banda Camilo Séptimo, lo que detonó esa reacción. Fue la crueldad del caso, la presencia de una mujer embarazada, una niña de tres años, y un niño de seis que sobrevivió escondido durante horas junto a los cuerpos de su familia.
El caso también dejó algo menos evidente pero igual de significativo: mostró que, en medio de una violencia que muchas veces normalizamos, la sociedad todavía puede conmoverse, exigir justicia y pedir dignidad para las víctimas, sin importar su estatus o su fama.
Quiénes eran las víctimas
Jonathan Samuel Meléndez Ochoa tenía 38 años. Su esposa, Ana Paola, tenía 35 y esperaba a su tercer hijo, con cuatro meses de embarazo. Su hija Sofi tenía apenas tres años.
La cuarta víctima fue Aleyda Romero, de 21 años, quien trabajaba como empleada del hogar en la casa de la familia y se encargaba, entre otras tareas, del cuidado de los hijos del matrimonio. Su nombre tardó más tiempo en conocerse públicamente que el de las demás víctimas, y usuarios en redes sociales señalaron que, durante los primeros reportes del caso, los medios de comunicación no le dieron el mismo protagonismo que al resto de la familia, pese a que ella también era una persona con nombre, historia y una vida truncada de la misma manera. Aleyda fue hallada sin vida en el cuarto de servicio del departamento, con una herida de arma de fuego.
También murió el perro de la familia, un golden retriever que, según la reconstrucción de los hechos difundida por el periodista Antonio Nieto y atribuida a la Fiscalía General de Justicia del Estado de México, habría sido atado por la propia Ana Paola siguiendo instrucciones del atacante, para evitar que ladrara.
Cómo ocurrieron los hechos
De acuerdo con la cronología reconstruida a partir de la carpeta de investigación y difundida por distintos periodistas, los hechos ocurrieron entre las 17:30 y las 19:40 horas del martes 1 de septiembre, dentro de un penthouse del fraccionamiento Grand Viure, en la Zona Esmeralda de Atizapán.
El principal señalado, identificado como Diego Sebastián N, habría llegado al domicilio antes que Jonathan Meléndez. Era su socio de negocios y, según las autoridades, aprovechó esa relación de confianza para ingresar al departamento; fue Ana Paola quien le abrió la puerta, ya que su esposo aún no llegaba. Una cámara instalada en el elevador del edificio lo captó llegando solo, con gorra, lentes oscuros y una mochila.
Según la reconstrucción de los hechos, Ana Paola y Sofi fueron sometidas primero. Aleyda, quien se encontraba en otra habitación cuidando a uno de los hijos de la pareja, salió al escuchar las detonaciones y se encontró con el atacante, quien la trasladó a otra habitación antes de dispararle. Jonathan llegó después, sin saber lo que había ocurrido, y fue sometido tras una discusión que, según distintas versiones aún no acreditadas oficialmente, habría estado relacionada con una deuda cercana a los 300 mil pesos.
El hijo menor de la pareja, de seis años, sobrevivió al esconderse debajo de una cama al escuchar los disparos. Permaneció ahí varias horas, junto a los cuerpos de su familia, hasta que la policía llegó al domicilio alertada por un amigo de Jonathan, a quien el músico le había pedido, horas antes, que avisara a las autoridades si dejaba de responder sus mensajes esa noche.
Diego Sebastián N y su chofer, identificado como Gerardo N, fueron detenidos horas después mediante cámaras de videovigilancia y el rastreo de un vehículo. Ambos permanecen bajo investigación.
La pregunta sobre su nacionalidad
Un dato que ha generado atención pública es el origen y la nacionalización de Diego Sebastián N. De acuerdo con documentación difundida en redes sociales, el hombre es de origen argentino y su nacionalización mexicana habría quedado registrada oficialmente el mismo 2 de septiembre, fecha en la que se hizo pública su detención por el multihomicidio.
A esto se suma que, un mes y medio antes del crimen, el 21 de julio de 2026, una usuaria había publicado en un grupo de redes sociales dedicado a rentas vacacionales una advertencia pública contra Diego Sebastián N y una socia, acusándolos de fraude relacionado con el arrendamiento de propiedades en Valle de Bravo. La denunciante aseguró haber perdido cerca de 500 mil pesos y afirmó que existía un grupo de más de 11 personas que se consideraban defraudadas por el mismo esquema, operado bajo los nombres comerciales + Relax y, posteriormente, Nomad Property Management.
Este antecedente ha abierto una pregunta legítima sobre los mecanismos de verificación en los procesos de naturalización en México, aunque hasta el momento no existe información oficial sobre si esas denuncias de fraude fueron consideradas, o debieron serlo, dentro de ese proceso.
La respuesta del gobierno
La presidenta Claudia Sheinbaum se pronunció sobre el caso durante su conferencia matutina, calificando el crimen como un acontecimiento muy triste y asegurando que el gobierno brinda apoyo a las familias de las víctimas. El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, informó que la detención de los dos presuntos responsables se logró en menos de 12 horas gracias a la coordinación entre autoridades del Estado de México, la Ciudad de México y el gobierno federal.
Lo que este caso puso sobre la mesa
Más allá del morbo que inevitablemente rodea a un crimen de esta naturaleza, el caso de Atizapán dejó una reflexión que trasciende a las cuatro víctimas directas. En un país donde la violencia extrema suele convertirse en una cifra más, este caso logró generar una reacción social genuina de indignación y empatía, la misma empatía que, según señalaron muchos usuarios en redes, debería extenderse también a las miles de víctimas anónimas que cada día no logran ese mismo nivel de atención, entre ellas trabajadoras del hogar como Aleyda Romero, cuya vida merecía ser nombrada con el mismo respeto que la de cualquier otra víctima.
Jonathan Samuel Meléndez Ochoa, tecladista y fundador de Camilo Séptimo, fue una de las cuatro víctimas de un multihomicidio ocurrido el 1 de septiembre de 2026 en un departamento de Atizapán de Zaragoza, Estado de México.
Las víctimas fueron Jonathan Meléndez; su esposa, Ana Paola, quien estaba embarazada; su hija Sofi, de tres años; y Aleyda Romero, de 21 años, quien trabajaba en el hogar de la familia.
El hijo de seis años de la pareja sobrevivió después de esconderse debajo de una cama al escuchar los disparos. Permaneció oculto durante varias horas hasta la llegada de las autoridades.
Los hechos ocurrieron en un penthouse del fraccionamiento Grand Viure, ubicado en la Zona Esmeralda de Atizapán de Zaragoza, Estado de México.
Las autoridades detuvieron a Diego Sebastián N y Gerardo N. Ambos permanecen bajo investigación, por lo que jurídicamente deben ser considerados inocentes mientras no exista una sentencia condenatoria.
Distintas versiones han señalado una posible disputa relacionada con una deuda cercana a los 300 mil pesos, aunque ese posible móvil no había sido acreditado oficialmente en la información incluida en la reconstrucción del caso.
Aleyda Romero tenía 21 años y trabajaba como empleada del hogar en la casa de la familia. También participaba en el cuidado de los hijos del matrimonio y fue una de las cuatro víctimas del crimen.
La presidenta calificó el crimen como un hecho muy triste y señaló que el gobierno federal estaba brindando apoyo a las familias de las víctimas. El secretario de Seguridad informó que los dos presuntos responsables fueron detenidos en menos de 12 horas mediante la coordinación de autoridades del Estado de México, Ciudad de México y gobierno federal.

